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 Drag's Murders

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Dragunov
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MensajeTema: Drag's Murders   Vie 6 Abr 2012 - 22:51

Aquí os dejo el formulario a rellenar:

Nombre:

Nombre del objetivo:

Lugar del objetivo:

Datos del asesinato:

Datos extra [Opcional]:

Modo de homicidio [Opcional]:

Objetivos secundarios [Opcional]:

Foto del objetivo:


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MensajeTema: Re: Drag's Murders   Sáb 7 Abr 2012 - 14:17

[Bueno, ejem, voy a abrir un asesinato de los míos para no desaprovechar esta semana]

Semana ~ Del 2 al 8 de abril, 2012

Asesinato 01

Iba tranquilamente por una de las calles de los barrios bajos de la ciudad de Rosbasha. Era un corriente anochecer. El ambiente hedía a estiércol, paja y vino barato, la mayoría de los tenderos cerraban sus pequeños puestos, las mujeres llamaban a voces a sus hijos, las prostitutas tentaban desde la ventana a los forasteros para quedarse con ellas en una alegre ''velada'' y parte de la guardia finalizaba su patrulla y se alejaba en busca del relevo. Lo dicho, que dando una vueltecilla por ahí sucedió que una voz grave me llamó la atención (me tiró un canto rodado el cabrón) desde un discreto callejón:

- Eh, zagal, ¿estáis interesado en una pequeña tarea? Puedo ofreceros 10 monedas una vez que lo hayais cumplido - me soltó de un modo fugaz y nervioso.

- Hmmm, ¿por qué no? Dime qué puedo hacer por ti, buen hombre - respondí acompañado de un tono sarcástico eso último de buen hombre.

- Me puedes llamar Cherk, soy uno de los vendedores de vasijas. Ahora bien - y esto lo dijo susurrando - ese oficio es sólo una tapadera, pues tengo un pequeño negocio con ciertas substancias como el opio. Recientemente llegó un adinerado mercader, Viscow, y el muy hijo de mala madre se instaló aquí, como si quisiese vacilarnos. Y eso no es todo, pues me está haciendo la competencia debido a que él también tiene el mismo juego que yo. Quiero que pierda esta noche la vida, me da igual cómo, pero que muera del todo - me miró con una sonrisa amistosa, pero sin buenas intenciones. - Te daré 10 monedas si lo consigues, chaval. ¿Aceptas?

- Por supuesto que no voy a perder esta oportunidad. Dígame dónde está el mercader Viscow - respondí.

Una ligera risa de hiena se escapó de su boca de pordiosero:

- Bien, bien, la caseta de Viscow la encontrarás al doblar esta calle - señaló con el dedo índice - Es la casa más grande, no te costará verla. Ah y una cosa más, si ves algo de la mercancía con la que jugamos, haz el favor de traerme algo. Te espero aquí. No tardes más de una hora...

Spoiler:
 

Al doblar la esquina, tuve enfrente mía una casa de piedra que sobresalía de las demás. La noche oscurecía el ambiente y apenas se notaba pasos de persona viva. Para ir más oculto me puse la pequeña capucha que tenía adosada mi capa y me acerqué hasta la puerta. En fin, que toqué sin ton ni son. Para mi sorpresa, contmplé que quien abría la puerta era un fornido guardia con una armadura en el pecho al servicio del mercader, como al principio supuse:

- ¡Largo de aquí, escoria! El mercader no recibe a mendigos y...

No dudé ni un instante. El puñetazo que le propiné con la izquierda le pilló de improviso. Sólo conseguí hacerle retroceder. Desenfundó espada y escudo y cargó contra mí. Yo le respondí retrocediendo varias zancadas, de manera que salimos a pelear a la calle. El guardia empezó con unos tímidos reveses y tajos, para más tarde jugar con las fintas y golpes de escudo. Yo áun no había desenfundado mi espadón. Tenía algo en mente. En dos de esos ataques, me hizo un corte superficial en la mejilla izquierda y un moratón. Tras cinco minutos de pelea, el guardia puso demasiado empeño en un ataque, el cual aproveché para ponerme detrás suya y meterle un buen codazo en la nuca. El rival cayó inconsciente.

Actué rápido. Cogí su cuerpo y sus armas y los metí en la casa. A continuación, empuñé la espada del guardia y subí escalones. El mercader soltaba unos ronquidos que se oían incluso desde la planta baja, por lo que procuré intentar ser lo más breve posible. Me senté en un taburete que había allí y solté con voz clara y concisa:

- Buenas noches, señor Viscow.

El mercader se desperezó alterado y miró de un lado a otro hasta poder verme con la pobre lumbre que iluminaba su habitación:

- ¿Quién eres? Salid de aquí antes de que llame a mi guardia personal.

- Me temo que ya no está disponible - me miró con ojos horrorizados - Vengo con dos propósitos. El primero es el asunto del opio. Dame un poco ahora mismo o te arrancó la barba de cuajo.

- Está... debajo de mi cama... coge y lárgate...- su voz se hizo frágil y penosa.

- Olvidas mi segundo propósito, barbudo. - me acerqué peligrosamente a él. Viscow iba a gritar, pero repentinamente lanzé una vertiginosa estocada que impactó en el cuello del desventurado. Por su boca sendas líneas de sangre empezaron a manchar las sábanas y su camisa. Cayó pesadamente sobre la cama y la sangre comenzó a generar manchas donde estaba recostado.

Me tiré al suelo y recogí un par de paquetes, guardándolos en los bolsillos de mis pantalones. Bajé las escaleras y pude ver la silueta de una botella. La cogí y olí, era ron añejo, de buena calidad. Di un largo trago y subí la botella junto con el cuerpo del guardia inconsciente. Lo dejé justo al lado del cadáver del mercader. Dí otro trago a ese preciado líquido alcohólico y derramé lo poco que quedaba sobre el guardia, además de dejar la botella cerca de su mano.

Salí y no olvidé dejar la puerta cerrada. Poco después llegué hasta la esquina y Cherk se me acercó. Apenas conseguía verlo, pero su voz verificó que estaba próximo a mí:

- ¿Y bien?

- Finiquitado, Viscow está tieso con medio metro de acero en la garganta. Aquí tienes dos paquetes de opio, Cherk.

Los cogió rápidamente y me dio las 10 monedas como recompensa:

- Bien, bien, y ahora... ¡largo! Tú no me has visto ni yo te he visto a ti.

Me alejé calle arriba, sin importarme lo que aquel tío fuera a hacer. todo lo demás quedaba en sus manos, yo ya hice mi parte.
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MensajeTema: Re: Drag's Murders   Sáb 14 Abr 2012 - 8:20

Semana ~ Del 9 al 15 de abril, 2012

Asesinato 02

Era un tranquilo anochecer. Sacaba filo a mi espada cuando un tipo entró por la puerta, accediendo hasta mi ''despacho'', si es que se podía llamar eso así. Por su modo de vestimenta y al portar un hacha, reconocí que era un talador. No venía de buen humor, así que antes de decirle nada, él comenzó:

- Tenemos problemas, chaval. Soy Grogy. Las talas de los bosques iban perfectamente hasta que hace cosa de una semana, apareció un elfo. Ya sabes cómo son, siempre protegiendo a la madre natura. Pues bien, ese elfo entorpece nuestro trabajo y ha llegado al extremo de, ejem, matar a varios taladores, por lo que algunos de los míos empezamos a temer. Necesitamos a alguien que nos ayude a acabar con aquel pesado. Quiero que hagas lo mejor de tu oficio, y que ese elfo no vuelva a molestar jamás.

- De acuerdo, pero llévame por la mañana hasta tu zona de tala y veré lo que puedo hacer...

Spoiler:
 

La noche pasó sin alteraciones y ya al alba, cuando se notaban las primeras luces, Grogy y yo nos reunimos en una plaza de Rosbasha para encaminar nuestros pasos hasta el bosque. Cuando nos salimos del camino, pude contemplar que muchos troncos estaban talados y tenía cierta empatía por lo que aquel elfo hacía, pero el trabajo es trabajo, así que...

- Suele atacarnos por las mañanas y por las tardes, cuando hace hay más tranquilidad, así que me pondré a talar y en cuanto salga, métete en medio. - me explicó el talador.

Los tres primeros árboles cayeron en menos de una hora. Grogy talaba sin pensar en otra cosa y yo me mantenía vigilante. En cuanto pasó al cuarto árbol, unos arbustos cercanos a Grogy se movieron. Para cuando llegué hasta el elfo, su larga espada se clavó en el pecho del talador, el cual emitió un grito y cayó al suelo con esa mortal herida. Al elfo no le dio tiempo de reparar en mí, pues el puñetazo que le propiné en la cara fue por sorpresa y le hizo tambalearse y retroceder. Se levantó rápidamente y me miró con cara de ''otro talador''. El combate era inevitable. Desenvainé mi espadón.

Tras escasos segundos, el elfo se lanzó a por mí, dirigiéndome un tajo en el costado. Coseguí bloquearlo, pero vi que el elfo no dudó en separarse y lanzarme un corte en las piernas, al que yo respondí con un retroceso. Como contrataque, levanté mi arma, intentando un corte vertical, mas no funcionó pues el elfo se movía como si bailase una danza mortal. En los primeros 3 minutos de combate, nos intercambiábamos golpes, retrocedíamos, esquivábamos y bloqueábamos ocasionalmente. A partir de ahí la cosa se complicó, pues en uno de mis cortes, no conseguí recuperar adecuadamente el arma y el elfo aprovechó para atacarme. A pesar de apartarme, no pude evitar que su espada me produjera un corte de 15 centímetros en mi brazo derecho, sin llegar al tatuaje que tenía. El elfo volvió a apartarse y yo me giré, levanté el espadón y probé otro corte vertical.

El elfo hizo un movimiento que me sorprendió realmente, pues esquivó un poquito y, cuando la gran hoja de mi arma tocó suelo, se puso encima de ella. Con la punta de su espada me apuntó a la garganta. Iba a morir de no ser por lo que tuve pensado. Abrí la boca y con los dientes me aferré a la punta de su espada. El elfo pareció asombrado, aún así intentó sacar la punta moviendo el arma un poco. Mis encías comenzaron a llorar lágrimas de sangre. Cuando noté que usaba buena parte de su fuerza, solté bruscamente la punta y el enemigo casi cae de espaldas, pero únicamente se limitó a retroceder.

Los dos estábamos hartándonos de estar todo el rato peleando, así que incrementamos nuestra ofensiva, sobre todo el elfo. Mi rival no paraba de esquivarme y hacerme cortes de vez en cuando. En uno de los cortes, me hizó una peligrosa hemorragia. Mi espadón, por más que atacara, no conseguía llegar a la suficiente velocidad como para impactar en ese veloz individuo.

En uno de nuestros peligrosos choques, el elfo reaccionó con más iniciativa y me hizo un corte en la mano. Debido a ese corte, mi espadón cayó al suelo y el elfo saltó hacia mí propinándome una potente patada en el pecho que me hizo caer. Lo hice justamente cerca del cadáver del talador. Mi mano, al tentar el suelo, tocó un mango de madera. Estaba de espaldas al elfo, el cual se disponía ya a matarme. Por mi cabeza rondaron las palabras: ''Usa la velocidad de sus piernas para no darme cuartel y acabar conmigo, debo dar la vuelta a la tortilla enseguida...''

El elfo cargó contra mí y dio un pequeño salto para hincar su filo en mi lomo. Sin embargo, ese idiota no sabía que las tornas se iban a cambiar. En un vertiginoso giro, el mango de madera que cogí era el hacha, el filo del arma caló profundamente en la rodilla del elfo, produciendo una horrible hemorragia, segando algunos ligamentos y músculos y agrietando en menor medida la rótula. Su alarido fue sobrecogedor. Cayó al suelo de rodillas, además de soltar su espada en el momento del ataque. Cuando se incorporó el elfo, solté el hacha cerca del talador muerto y me dirigí al rival con el rostro inexpresivo y sombrío. Ahora me tocaba a mí.

La lluvia de puños que estaba recibiendo el elfo eran para expresar todos los cortes que yo había recibido. El enemigo bloqueaba tímidamente, mientras que el esquivar se le quedó corto. Tras una serie de ataques dirigidos a cabeza, hígado y sien, el elfo cayó el suelo medio atónito. Pisé con mala intención su rodilla maltrecha y soltó un aullido de dolor. Me agaché frente a él y preparé el puño izquierdo, el cual estaba prácticamente recubierto de armadura metálica. Los puñetazos comenzaron a caer en su rostro como si de una granizada se tratase: los tres primeros puñetazos le desfiguraron el rostro, los dos siguientes le deformaron el hocico, los dos posteriores hicieron saltar muelas y sangre... los cuatro últimos acabaron con su vida.

Me levanté y recogí el espadón. Fui hasta Grogy para registrarlo. En uno de sus bolsillos, noté algo duro. Era un pequeño saquito, lo abrí y contemplé 10 monedas. Miré al difunto y pensé: ''Misión cumplida, señor Grogy''. Junto con el pequeño saquito ahora en mi posesión, inicié la marcha hasta la ciudad para recuperarme.

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MensajeTema: Re: Drag's Murders   Vie 20 Abr 2012 - 20:03

Semana ~ Del 16 al 22 de abril, 2012

Asesinato 03


Este otro encargo ocurrió por la tarde. Tenía de afición visitar los barrios bajos los sábados. Iba caminando tranquilamente, a pesar de la congestión de gentuza. Tras un par de decenas de metros hechos, vi que en una tienda había más ruido de lo normal, comparado con el alboroto callejero. Observé que tres hombres salían, uno casi tan alto como yo y calvo, mientras que los otros dos llevaban toscas porras.

Entré a ver lo que se estaba cociendo. Contemplé que aquella tienda de utensilios se había transformado en un basurero... Había un hombre yacente con algunas magulladuras. Me acerqué a él, lo levanté y lo conducí hasta un taburete que no estaba roto afortunadamente:

- ¿Qué ha pasado? - le interrogué en cuanto se hubo sentado.

Entre unos pequeños quejidos de dolor, el hombre expuso su problema:

- Son Gambino y sus secuaces. Vienen algunas semanas a ejercer sus oficios de matones y extorsionadores. Nos obligan a pagar dinero extra como si se hicieran pasar por protectores y, si no pagas, pues ya ves, chico. Se aprovechan de esto pues la autoridad apenas hace presencia aquí. Ojalá se fueran o algo... - miró a la ventana de su tienda, con los cristales reventados.

Este pobre vendedor precisaba auxilio inmediato. Así que decidí ayudar a mi manera...

- Señor, si usted lo desea, puedo hacer justicia con ellos - le propuse firmemente.

- ¿De verdad harías eso? Por favor, me gustaría mucho que les dijeras que no nos molesten más a las humildes gentes de por aquí. Con alguna paliza que les des para que escarmienten, me bastaría.

Spoiler:
 

El vendedor me dijo que siguiera calle abajo para encontrarlos, pues ellos siempre iban a su bola y no era difícil alcanzar a esos palurdos. Sin dudarlo, me puse en marcha.

Tras unas pocas calles, vi que giraban los tres sujetos a un maloliente callejón. Fui tras ellos. Sabía muy bien que el hablar no serviría sino para empeorar la cosa, por lo que quería ser breve con ellos.

Estaban hablando discretamente y aún no percibieron mi sombría presencia. En fin, pensé en que no sería justo pelear contra tres, así que a los secuaces tenía que cargármelos en un periquete.

Al más cercano lo atravesé con una de mis Predators. Emitió el desventurado un grito que alertó a Gambino y al otro capullo. Me alejé y esperé la ofensiva de estos.

Entre insultos y comentarios obscenos, el último secuaz fue a por mí. En fin, le juzqué por estúpido, pues yo llevaba dos espadas y él una porra de nada. Con una de las Predators paré su acometida, mientras la otra se hincaba en su pecho. Cayó al suelo malherido.

Gambino, entre tanto, aprovechó para arrojarme la porra de la primera víctima, la cual me impactó en el brazo derecho. Me giré a él y decidí hacer justicia, pero no a mi modo.

Dejé en el suelo las dos espadas ligeras, mi espadón de toda la vida y la Unholy, una espada pesada adquirida recientemente. Gambino sonrió al creer que yo era uno de esos ''chulicos''. Pobre ignorante, no sabía que yo me había curtido con mis puños desde los 8 años de edad.

Aunque el tío era forzudo, sus ataques eran bastante toscos y aparatosos. Era su corpulencia lo que hacía que los demás le tuviesen temor. Gambino estaba perdiendo los papeles y en uno de los ataques en los que esquivé, llegó hasta mis armas y cogió una de las Predators.

Con una malévola sonrisa en sus labios de sífilis, cargó contra mí por sorpresa. A pesar de esquivarlo, la punta del arma me hizo un considerable corte en la mejilla izquierda. Como respuesta rápida, me situé debajo suya y levanté un gancho con la zurda, recubierta de armadura. Mi espada y dos dientes saltaron en el aire. Ya era hora de finiquitar el desaguisado.

Pillé la Predator al vuelo y su punta cayó sobre el esternón de Gambino. Este chilló, más por la sorpresa que por el dolor. Forzó unos largos segundos, hasta que por la boca y la nariz fue manando sangre. Finalmente, una convulsión le dejó bien tieso. Aún no he terminado mi labor. Me agaché frente al cadáver de Gambino y le seccioné la cabeza cortando el cuello. Después, corté parte de su ropa para envolver la sesera y, de paso, limpiar la sangre con su pantalón. En sus bolsillos noté algo duro. Lo registré y descubrí diez monedas, ahora ya en mi posesión.

Estaba anocheciendo cuando volví de nuevo a la tienda de aquel pobre vendedor. Cuando entré, me recibió con una cálida bienvenida. No advirtió lo que llevaba en la mano, envuelto en un mugriento paño.

- Ya les dí una lección, señor, puede dormir tranquilo.

Me lo agradeció mucho e incluso me invitó a tomar algo. Yo me negué y me fui, dejándole el paquete. El vendedor se quedó dubitativo y fue a abrir lo que ahí había. Probablemente le hubiese dado algo, pero eso ya no me importaba, pues doblé la esquina rumbo a mi ''despacho'' en el gremio...






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MensajeTema: Re: Drag's Murders   Vie 27 Abr 2012 - 20:47

Semana ~ Del 23 al 29 de abril, 2012

Asesinato 04

Era una cutre tarde, el sol rajaba las piedras y yo hacía abdominales en mi mugriento antro, quiero decir, mi ''despacho'' en el Gremio. Pero de repente, alguién tocó la puerta y un hombre encapuchado llegó hasta mí. Apenas podía verle los ojos y sus largos ropajes no indicaban más color que el azabache. El desconocido me dio una carta y sin más se fue. Abrí el sobre y leí el mensaje:

'' Estimado señor asesino:

Me enteré hace poco que cometió un par de homicidios y querría solicitar su acción contra cierto individuo. Su nombre es Arrhenius. Necesito que acabes con él en menos de 24 horas. No es necesario que sepas la causa, pues no te incumbe en absoluto más asunto que el de ese Arrhenius. La persona que te ha entregado esto es mi mensajero y también te informo que va a ser nuestro intermediario. Sólo te pido los requisitos tiempo y una prueba de que lo has matado. Para esto, se lo comuniqué a mi mensajero, para que acudiese a la mañana y tardes siguientes hasta tu despacho.

Aquí te adjunto la imagen y los datos de localización del sujeto.

Suerte en tu misión! ''


Tras mirarlo por un momento, agarré el espadón y las dos Predators. Esta noche iba a ser muuuuy larga...

Spoiler:
 

Me puse en marcha al anochecer. La ciudad estaba inmiscuyéndose en un ambiente cada vez más silencioso y fantasmal. Algunos guardias vigilaban la puerta al salir yo de ella. No me tardé más de una hora a pie en llegar hasta el castillo, que en aquellos momentos reinaba la paz y el silencio sepulcral. Me acerqué al castillo con cautela, sorteando entre árboles y maleza. De repente, oí el sonido de unos trotes llevando un carruaje. Me escondí tras unos arbustos y contemplé cómo aquel puente levadizo bajaba inexorablemente. ¡Debía actuar de inmediato!

En el momento en el que el carro terminó de cruzar el puente, este empezó a ascender. Salí corriendo en su dirección. Ya había subido 2 metros, por lo que saqué las dos Predators y usé una de las cuales para clavarme en esa madera. Los guardasw no pudieron verme, pero yo iba a desollarme las manos y caer casi desde 20 metros de altura.

Antes de que el puente levadizo se encajara, salté y pillé por sorpresa a un guardia, al cual le rebané la garganta para no declarar el estado de alarma. Lo arrastré hasta uno de los cuartos y allí practiqué uno de mis juegos favoritos: robo de identidad.

Al cadáver de aquel guarda le tomé prestado su uniforme y su casco. ¡Y allá fui!. Bajé por las escalinatas. Algunos guardias se extrañaaban al verme, pues casi todos llevaban las mismas espadas y yo llevaba un espadón (las otras dos espadas las mantuve ocultas).

Me metí en los aposentos y disimuladamente pasaba por los pasillos, hasta ver que en una de las habitaciones alguien estaba roncando. Me asomé y vi que aquella cosa durmiente era mi objetivo. En su gran mesa estaba el mismo yelmo que el que había en la foto...

'' Y yo creyendo que esto era difícil... '', pensé mientras una de las hojas de las Predators besaba el aciago cuello de Arrhenius. Ni siquiera profirió un grito, no pudo. Objetivo cumplido, ahora, a slir de la escena del crimen. Antes de nada, agarré su casco y me lo puse sin pensar en las consecuencias.

Al salir, tuve la mala suerte de toparme con uno de los guardas.

- Señor, ¿pero qué hace...? - al principio me confundió con su dueño, pero súbitamente le cambió el color de cara y gritó - ¡¡¡ INTRUSOOO!!!

No tenía tiempo para otras peleas. Decidí poner pies en polvorosa. Ahora era una maratón para salvar mi apestosa vida...

Me deslicé cual rata atrevida por las escaleras y el arquero no pudo contestar a la estocada que le arremetí en el pecho. Me había metido en el patio y eso no indicaba nada bueno, pues podría estar en una trampa mortal. De todos los lados, surgieron unas pocas decenas de soldados, algunos con ballestas y arcos. ¡Qué locura! No sabía si iba a salir de aquí con vida...

Pero como no había tiempo para pensamientos mortecinos, reaccioné y utilicé ese método que nunca me gusta: evasión. Corrí como nunca, mientras los arcos se tensaban y las saetas apuntaban a mi figura.

¡Lluvia de proyectiles! Uno de ellos pasó por detrás de mi nuca, otro hizo un corte en el muslo izquierdo, y los dos últimos que pasaron cerca de mí los conseguí parar con la armadura puesta. Desgraciadamente, una de las saetas de ballesta se hincó profundamente en mi gemelo derecho. Me detuve espontáneamente y solté una pequeña maldición. La herida era profusa y ya noté cómo sangraba. Los demás soldados iniciaron su acometida contra mí. No estaba en condiciones de lcuhar contr tantos, al menos, no hoy.

Saqué fuerzas y volví a correr. La adrenalina y el temor a ser rebanado mi pescuezo me inhibieron el dolor. Subí por las escaleras de antes y vi justo a tiempo que un guardia se abalanzaba sobre mí. Me aparté y este cayó por las escaleras. Detrás de mí, oía a los ruidosos guardias, dispuestos sin temor a matarme.

No quedaba más remedio, me estaban acorralando, así que me subí a la almena y me tiré abajo. Los veinte metros de altura los pude contrarrestar al poder asirme a un saliente y dar un brinco con el que salir impulsado y largarme de allí.

Al poco de llegar a Rosbasha, el dolor cobró presencia y empezó a molestarme tremendamente. Cogí una botella de ron y caté medio contenido una vez que llegué a mi ''despacho''. Ya a medianoche, comenzó el tratamiento: el dolor era agudo y yo sudaba como un cerdo. De la manera más suave posible corté con un serrucho la punta y la cola de la saeta. Posteriormente, inicié el empuje, a cada movimiento, el dolor se hacía más intenso. Al final, conseguí quitar aquella varilla de madera. Limpié la sangre con un pañuelo, que en aquel momento manchaba buena parte del inferior de la pierna. Acto seguido, derramé un poco de ron y sentí un quemazón. Finalmente, me enrollé vendaje en la zona maltrecha.

Apenas podía cerrar ojo, a pesar de que el dolor decreciese. Ya por la mañana, tenía una ojeras y estaba agotado. Se oyó a alguien tocar la puerta de mi ''depacho'':

- ¡Adelante! - dije rápido y en tono neutro.

Era el mensajero del desconocido. Le mostré el casco de Arrhenius y él lo cogió. Me miró, pero yo no llegué a verle los ojos, y asintió. Antes de irse, me dejó una bolsita con 10 monedas. En cuanto el intermediario se marchó, puse el cerrojo y me desplomé sobre la hamaca que tenía por cama. Quería olvidarme de todo esto, ¿y qué mejor modo de hacerlo que conciliando un profundo y reparador sueño?
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MensajeTema: Re: Drag's Murders   Lun 30 Abr 2012 - 14:23

Semana ~ Del 30 de abril al 6 de mayo, 2012

Asesinato 05

Últimamente, había bastantes duelos y yo visitaba el coliseo para cumplir mi función de espectador. Y es que en la arena aparecían individuos de todo tipo: altos, bajos, gordos, flacos, desarmados, con espada, hacha, escudo, sin armadura... de toda índole, vamos.

Uno de esos combates me dejó fascinado. Dos fornidos luchadores mantenían unos movimientos ofensivos encarnizados y fieros. A pesar de la contundencia y brutalidad de sus ataques, aprecié que lo hacían con delicadeza, pues un error podía ser en esos momentos causa de derrota. Me apoyé en la barandilla de hierro oxidado para apreciarlo más de cerca, incluso casi estuve a punto de caer de boca sobre la arena...

El arduo combate se prolongó media hora. El público, sin embargo, seguía pendiente de la lucha, mientras que los combatientes cambiaban sus ataques de fieros y veloces a tímidos y defensivos. Temiendo un abandono por parte de alguno, el árbitro tocó el plato que tenía y declaró un descanso de 15 minutos. Ambos contendientes se retiraron a una sala cada uno, a recuperarse.

Mi curiosidad era como una insaciable rata en una despens. Bajé por las escaleras para husmear por ahí. Bajé a una de las tristes salas y me encontré con que uno de los dos valerosos combatientes, el cual estaba respirando con dificultad y tenía un par de grandes moratones en los brazos.

- ¿Cómo te va la batalla, guerrero? - inicié la conversación con el fin de que me respondiese.

Se giró para verme. Su mirada se asimilaría a la de alguien resignado, vencido o agobiado, pero no dispuesto a quedarse así como así. Por un momento creí que a él no le iba a ir bien en el siguiente round. Decidí animarlo:

- ¡Vamos, tío, que puedes con él!

El tipo miró de un lado a otro y luego con un movimiento de muñeca me indicó que me acercara. Así lo hice y él enseguida me preguntó si quería un poco de dinero, alo cual asentí indudablemente.

Empezó a susurrarme algo: quería ganar el combate por todos los medios... y ahí era donde entraba yo. El honor con el que tanto estimaba a aquellos luchadores se derrumbó en pedazos. ¡Y yo pensando que eran honestos, valientes, justos...! era como si aquel tipo avergonzara a toda la casta guerrera, incluyéndome a mí.

Sin embargo, una cosa era la honra y otra el dinero. En el momento en el que sacó del bolsillo aquella decena de monedas, acepté sin desagrado hacer algo con su contrincante.

Spoiler:
 

Quedaban menos de 5 minutos para que volviesen a oírse los tambores convocando a los dos contendientes cuando yo llegué hasta la sala del otro luchador. Le veía animado mientras se vendaba las cortes y con gran espíritu de guerrero, es decir, alguien a quien estimar en buen grado, desde mi punto de vista.

En cuanto oyó uno de mis pasos, se giró para ver quién era. Yo le miraba sin habla, sorprendido al ver que no estaba desmoralizado como el otro, sino duro y recio cual roca, como si quisiera ir a por todas. Me esbozó una indiscreta sonrisa:

- Sí que es duro mi rival. Espero aguantar en la siguienta traca.

- Te deseo... suerte - dije un tanto vacilante. Esto, además de una prueba de sangre fría, era también cuestión de justicia. Aquí, justo en este momento, se comprobaría cómo era yo...

El luchador se puso el yelmo de protección y recogió su arma y escudo para marchar a la arena. Faltaban escasos minutos para los tambores de llamada. En cuanto me dio la espalda, me giré y tras cruzar la puerta, ambos tomamos direcciones diferentes. Ya sabía lo que hacer, aunque no fuera propio de mi oficio. Empuñé una de las Predators en la diestra.

Al poco de llegar hasta mi cliente, este me recibió con prontitud, pero antes de que pudiese pronunciar palabra alguna, el filo de mi espada dio una veloz estocada en su pecho descubierto, acompañado de un apesadumbrado quejido de la víctima. El Gremio de Asesinos me abriría un expediente por esto, pero esto lo mantendría oculto y olvidado. Saqué la hoja de la Predator y el luchador se desplomó en el suelo, moribundo. Limpié la espada con su taparrabos, recogí la bolsita de las 10 monedas y, para cuando los tambores empezaron a tocar, yo ya había salido de la zona de duelos, en dirección a mi ''despacho''.
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MensajeTema: Re: Drag's Murders   Miér 9 Mayo 2012 - 14:57

Semana ~ Del 7 al 13 de mayo, 2012

Asesinato 06

El potente destello de luz trajo consigo el trueno, el cual me hizo despertar repentinamente. La lluvia golpeaba reciamente los techos de las casuchas y edificios de Rosbasha. Nunca pensé que tal trueno pudiera despertarme, así que supuse que el relámpago cayó cerca de la ciudad. Hacía meses que no había precipitaciones por aquí. El sosiego de la madrugada se disolvió a causa del factor meteorológico.

Me puse la capa y cogí mi espadón de toda la vida para salir del ''despacho'' y dar una vuelta por las callejuelas. Quería sentir un poco de lluvia en el pellejo. La armadura la dejé por temor a actuar como pararrayos, debido a experiencias anteriores...

Salí del Gremio y fui calle abajo. Casi todas las ventanas estaban cerradas y no se oía más ruido que el de las gotas impactando y el rugido de algún que otro trueno. Los rayos se marcaban ocasionalmente como enormes rayones desgarrando la atmósfera. Antes poder pasar de largo un callejón sin salida, una presencia me llamó la atención. Lo hizo de un modo espeluznante, pues me llamó por mi verdadero nombre:

- ¡Vorpal! - su voz era grave y obtusa. Me detuve en seco e intenté localizar al individuo que me llamó, pero el callejón era oscuro y apenas se percibía algo. Uno de los rayos descendentes delató dónde estaba, pero no pude alcanzar a ver su rostro.

- ¿Qué quieres? - pregunté un tanto desconfiado, pero sin temor a entablar conversación o pelea con el tipo ese.

- Un pequeño favor. Creo que eres la persona adecuada. Te necesito para acabar con cierto sujeto. - lo siguiente que dijo me conmocionó - Su nombre es Bizzar.

Bizzar era uno de los mercenarios del campamento en el que antes vivía. ¿Pero no había muerto en la matanza? Para aclarar las dudas, le pregunté:

- ¿Quién eres? - mi tono mostraba un poco de intriga y tensión.

- Todo a su tiempo, mi querido Vorpal. Ahora son precisos tus servicios homicidas. - otro rayo cayó seguido de su trueno y noté que aquel individuo me miraba - ¿Podrás hacerlo?

- ¿Por qué tendría que hacerlo?

- Razón uno: te he visto salir del Gremio y sé que puedo contar con tus servicios, aparte de proporcionarte una recompensa. Razón dos y la más importante: Bizzar fue uno de los traidores que condujo a los mercenarios a la matanza. - me respondió con un tono neutro y carente de inflexiones.

Sentí a mi corazón dar un vuelco. ¿Aquel desgraciado era uno de los causantes de la matanza?¿Ese tipo que siempre sonreía y enseñaba golpes de espada condujo a los mercenarios a un callejón sin salida? Mi semblante se ensombreció:

- Cuenta conmigo - terminé por aceptar el encargo. El desconocido me alargó un poco de información para ir dando comienzo la caza de Bizzar.

Spoiler:
 

El extraño me dijo que me esperaría aquí ya que confiaba en que uno de los dos muriésemos en el combate. Sin más dudas, fui calle abajo hasta salir de la ciudad por una de las grandes puertas que había. El reloj de la iglesia sonaba contando las cuatro de la madrugada y la lluvia tenía pinta de no acabar hasta bien entrado el mediodía. En cambio, los rayos y los truenos se ocultaron entre el diluvio, como si esperasen un momento para saltar.

Tras andar varias centenas de metros, llegué hasta un pequeño claro de árboles donde había una hoguera consumida y un hombre durmiendo, apoyado a un árbol. Pensé en ir a asesinarlo, pero mis pies pararon y yo alcé la voz:

- Buenas noches, Bizzar - a pesar de la lluvia y de algún lejano trueno, el tío se desperezó, se incorporó y me miró.

- ¿Quién coño eres tú? - las sombras ocultaban buena parte de mi rostro.

Desenvainé el espadón y Bizzar, como respuesta, agarró su hacha de doble filo. No le gustaba que hicieran bromas, y por supuesto esto no era un juego mío.

- Olvidasteis matar a este mercenario - le dije inexpresivo refiriéndome a mí - y ahora sé quién fue uno de los culpables.

Bizzar sonrió y yo me lancé a por él. Duelo a muerte individual: Mercenario superviviente vs Mercenario traidor. Nos desentendimos por completo del clima que reinaba...

Nuestras armas chocaron con gran estruendo y un rayó cayó junto con su desgarrador trueno.

- Vorpal... - ya me había reconocido. Alejó su hacha y me dirigió un tajo horizontal, el cual yo bloqueé con mi espadón, haciendo alarde de mi buena habilidad con él.

Y entre los dos nos inmiscuimos en diestros movimientos de combate. Bizzar se inclinaba más a la ofensiva que yo, lanzándome tajos, reveses, empujones, barridas y golpes en diagonal son parar ni un ápice. Yo le respondía con algún que otro golpe o una tímida finta, pero mi papel en esa pelea iba dirigido más a bloqueos y esquivas que a otras cosas.

En otro choques que tuvimos, hicimos una prueba de pulso, además de charlar ''pacíficamente'':

- No eres el único,¿verdad? Hay más gentuza como tú que causó la masacre... - mi espadón obligaba al hacha de Bizzar a retroceder hasta su amo.

- Efectivamente - a pesar de ser un traidor, su sonrisa era pura - Me impresiona que un jovenzuelo pudiera haber salido vivo. Da igual, solventaré esto ahora mismo.

Su fuerza se concentró más haciendo que mi espadón retrocediera. Reuniendo la mía, paré el avance del hacha y me retiré dos zancadas para hacerle un corte en diagonal. Como respuesta, Bizzar se protegió con su hacha y, haciendo un giro, dirigió el filo de su arma, a mi hombro.

Salté rápidamente hacia atrás para evadirme de aquel ataque y lancé como contraataque una estocada directa a su pecho. Desgraciadamente, desvió la trayectoria y alargó un puñetazo a mi careto, con el que me hizo retroceder. Aún no terminó, pues me embistió y, con la fuerza propia de un mercenario, me arrastró hasta que mi espalda se estrelló con el tronco de un árbol. Solté un gruñido y le di un codazo en el trapecio, lo cual le desequilibró un poco. Me retiré del lugar del árbol y Bizzar, con mis ojos clavados en él.

- Y yo creyendo que eras fuerte...No has avanzado nada desde la última vez que te vi - me dijo como si me vacilara y yo recordé que ocurrió hace unos cuatro o cinco años.

- Por lo menos, la traición es un lujo que nunca me he permitido - le espeté.

El cabrón volvió a enviarme sendos cortes con su hacha y algún que otro truquillo de engaño, pero yo no caía tan fácilmente. En uno de esos recortes, me hizo un par de heridas en brazos y costado, pero él también tenía varios golpes en espalda y piernas.

La pelea duró casi media hora. Ambos estábamos cansados, Bizzar parecía nervioso y sorprendido a causa de mi resistencia, pues no le nadie le había dado tanta guerra sin cuartel. Y es que la venganza es algo que yo tomé muy a pecho y no deseaba perdonar a aquellos que habían provocado la matanza. En fin, ocurrió que, en uno de los choques, la potencia de mi espada pesada fue tal que consiguió arrancar de las manos el hacha de Bizzar. Actué a gran velocidad, con un gran giro, practiqué un corte en diagonal ascendente sobre la parte ventral de Bizzar. Retrocedío unos pocos metros en el aire antes de caer, acompañado de un grito ahogado.

Envainé el espadón, me acerqué a él. El pecho se tornaba de un color rojo oscuro y por su boca y nariz se esbozaban líneas de sangre fresca:

- Bizzar, tío, ¿por qué lo has hecho? - mi tono sonaba familiar, como si le conociera y no fuéramos enemigos. Me había agachado junto a él y estaba mirando al suelo, mientras él lo hacía hacia el cielo oscuro grisáceo.

El moribundo tosió un par de veces escupiendo un poco de sangre. Me quedé sin palabra alguna cuando me respondió:

- Regla número tres: No anuncies el qué y el por qué de un asunto de mercenario - sonrió antes de sufrir una ligera convulsión para dejar este mundo.

Levanté la cabeza para mirarlo. Mis parpadeos, con unos pocos tintes de tristeza, fueron mi último gesto. Me incorporé para recoger el hacha de Bizzar y dirgirme al callejón ese sin salida.

Cuando llegué, esa desconocida presencia estaba en otro callejón. Le di el hacha, lo tomó y me devolvió a cambio una bolsita con 10 monedas.

- Buen trabajo, mercenario. Aquí tienes la pasta.

- ¿Quién eres?

- Todo a su tiempo, Vorpal. Estoy seguro de que nos volveremos a encontrar algún día. - y se perdió entre la oscuridad del callejón.

Me quedé meditando. Ese individuo...¿era otro mercenario? Pero debía pensarlo más y, más a cubierto, pues los rayos, truenos y precipitaciones arreciraon en su intensidad. Encaminé mis pasos hacia mi ''despacho''. Esto iba a dar más dolor de cabeza que la migraña...




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