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 EL CAMINO DEL CONDENADO. CAPITULO I EL DOLOR QUE CAUSO [Privado + 18]

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Ragnak
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MensajeTema: EL CAMINO DEL CONDENADO. CAPITULO I EL DOLOR QUE CAUSO [Privado + 18]   Mar 18 Sep 2012 - 0:50

Vorbash… Una pequeña comunidad situada en el suroeste del desierto que se encuentra relativamente apartada del resto de pequeños poblados. Hogar de un número reducido de personas que en su mayoría se dedican al comercio con las caravanas por lo que no les resulta extraño ver caras nuevas la mayor parte del tiempo; esto junto con el constante azote de regulares tormentas de arena y de la carencia inherente que significa vivir en el desierto los han vuelto un pueblo amistoso y seguro… Por ahora…

El oscuro y frío manto de la noche ya hacía unas horas que se había cernido sobre el árido desierto del Pesar. La gran bóveda nocturna era perfectamente apreciable en todo su esplendor pues ninguna nube se alzaba en el desierto, permitiendo así que la suave luz de las estrellas y de una blanca luna, redonda como una perla gigante, iluminen tenuemente las arenas del desierto y con ello al pequeño poblado de Vorbash. En tan apacible y calmado lugar ningún ruido podía percibirse más que el suave silbido del viento que comenzaba a pasar por entre los pequeños y angulosos hogares mientras los habitantes dormían cómodamente resguardados… Todos excepto dos de ellos, dos jóvenes que no debían rondar más de 24 años cada uno, vestidos ambos con los característicos ropajes del desierto compuesto por ropas de telas holgadas y turbantes de rostro completo. Ambos portaban cada uno una antorcha y constantemente caminaban alrededor de los lindes del pueblo cumpliendo así su labor de vigías.

El viento está creciendo - Mencionó uno de los jóvenes alzando un poco el rostro al cielo y observando con detenimiento las estrellas y la luna –Se acerca una tormenta de arena.
No llames a la mala suerte- Se quejó su compañero y lo reprimió con la mirada –Con suerte esta noche será apacible y sin preocupaciones.– Su compañero no volvió a hablar y ambos siguieron caminando por el pueblo por unos minutos antes de que el viento comenzara a crecer y con ello la arena se levantara del suelo, volviendo lo que era una tranquila noche en una muy ajetreada.
¡Rápido, debemos resguardarnos!- Gritó el joven a su compañero mientras el viento comenzaba a aumentar su intensidad a cada momento que pasaba; su compañero asintió con la mirada y se predispusieron a retirarse cuando este divisó algo a lo lejos. Si bien la tormenta se había vuelto lo suficientemente fuerte como para no poder ver algo a lo lejos aún permitía divisar siluetas de objetos a una distancia media del pueblo y en ese preciso momento una figura del tamaño de una persona se encontraba caminando entre la tormenta y en dirección al pueblo.
¡Ahí hay alguien, debemos ayudarlo!- Dijo con insistencia a su compañero
¡¿Estás loco? La tormenta está creciendo, no podemos arriesgarnos a quedar sepultados!- El decidido joven al escuchar la negativa de su amigo simplemente lo ignoró y corrió hacia la extraña figura mientras su compañero lo llamaba para que regrese pero pronto su voz fue apagada por el rugir del viento y lo mismo pasó con la visibilidad, la tormenta había alcanzado tal grado que no permitía ver nada a más de un par de metros y mucho menos oír algo pero esto no lo desanimó, él era un hombre del desierto y como tal estaba acostumbrado a aquellas situaciones así que serenando su mente continuó su marcha con cuidado y en la dirección que creía debía ir.

La situación se volvía a cada paso que daba más peligrosa, si no se apuraba lo más probable era que tanto el extraño como él mismo terminaran sepultados y muertos entre la arena. Al cabo de varios minutos de andar y de no encontrar nada terminó resignándose y se dispuso a emprender la vuelta cuando divisó algo a pocos metros suyo tirado en el suelo. Con prisa corrió hasta aquello y se arrodilló a su lado, apenas podía ver algo pero podía escuchar los quejidos humanos que profería aquel en el suelo.
¡Tranquilo, todo estará bien, he venido a ayudarlo!- Le dijo acercándose todo lo que podía y poniendo su mano en su espalda a modo de tranquilizarlo.
Y…yo e…est…to…y…- Balbuceaba el extraño con clara debilidad en su voz, producto de la fatiga que sentía.
¡No se preocupe, lo ayudaré a…!- Decía el joven con tranquilidad cuando se sobresaltó, abriendo de par en par sus pardos ojos y bajando lentamente la vista de su rostro que comenzaba a empaparse en sudor hacia su pecho, el cual tenía incrustado un brazo; brazo que era de aquel extraño que tenía frente suyo y que lentamente se incorporaba.
Yo estoy débil…- La voy que antes era suave y balbuceante se había vuelto grave y firme, una voz carrasposa y ronca que le causaba pavor al joven que comenzaba a escupir sangre a la par que sus ropajes se manchaban de la sangre de su pecho –Realmente… estoy agradecido- Finalmente habían quedado frente a frente y una tenue luz verde iluminó el rostro del extraño, luz proveniente de sus ojos y mandíbula de filosos dientes, rostro muerto que petrificó como nunca al joven moribundo.
…Necesito comer- Terminó de decir Ragnak y abriendo de par en par su mandíbula la dirigió veloz al costado derecho del cuello del joven y con fuerza la cerró, arrancando consigo un pedazo considerable de piel y músculo, dejando un agujero inmenso y rajando la yugular que resultó en un fluir constante de sangre. El joven gritó lo que pudo pero nadie podría escucharlo nunca, solo Ragnak que esbozó una sonrisa en su boca sin labios y en un acto atroz penetró aún más el cuerpo del joven con su brazo hasta palpar sus vísceras y agarrándolas retiró con fuerza su brazo y con ello arrastró afuera los vitales órganos. El cuerpo del joven cayó al suelo en pequeños espasmos mientras el muerto guerrero reía y devoraba a placer en un macabro festín en la seguridad y paz que le proveía aquella cortina de arena.

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La mañana llegó finalmente y con ella el fin de la tormenta que en la noche había hecho presencia. Varios aldeanos salieron en grupo de la aldea; preocupados por la suerte de aquel miembro de su comunidad comenzaron a llamarlo, a buscarlo con voluntad, inútilmente pues nada encontraron porque nada había quedado del despiadado crimen que había tomado lugar aquella noche; ya sea porque las arenas se habían tragado los huesos o por el hecho de que Ragnak se había llevado además las vestimentas del joven lo cierto era que nada encontrarían nunca sobre aquel joven, amigo de muchos, hijo de otros. Al atardecer le brindaron un funeral simbólico, todo un espectáculo de lo más triste posible; la gente llorando y cantando canciones tristes de tiempos inmemoriales, todo un manjar para la vista de aquel que se encontraba en sentado en una lejana y alta duna recreándose con el sufrimiento causado.

Creo que me quedaré un tiempo más por estos lares, la vista es realmente fantástica.- Dijo en voz baja y sonrió con malicia.
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MensajeTema: Re: EL CAMINO DEL CONDENADO. CAPITULO I EL DOLOR QUE CAUSO [Privado + 18]   Jue 20 Sep 2012 - 23:18

Tras el emotivo y ceremonioso funeral los aldeanos comenzaron a retirarse lentamente, con los rostros tristes pero consientes de que sin importar lo que pasara ellos debían seguir adelante –El verdadero sufrimiento lo viven los que quedan atrás- Pensó plácidamente desde la alejada duna en la que se encontraba reposando –Puedo asegurarles que aún les queda mucho por sufrir.- Tras aquel pensamiento se puso de pie; a sus espaldas el anaranjado sol del atardecer terminaba de ocultarse en el horizonte, despidiéndose del resto del mundo con un último resplandor para permitir nuevamente al frío y oscuro manto nocturno alzarse una vez más.

Ragnak extendió sus brazos hacia el cielo e hizo lo mismo con la cabeza -¡Ahh, la fría noche, la emoción de un día lleno de muerte y dolor hace que mi pulso se acelere!... Claro, si es que tuviera pulso- Bajó la mirada y los brazos, centrando sus ojos en el pequeño e inocente pueblo más abajo, meditando las posibles torturas que podría llevar a cabo a sus carnosos habitantes. Así estuvo unos minutos hasta que la luna hizo acto de presencia en el firmamento, brillante y redonda resplandecía por sobre todo el desierto como el mismo sol que hace poco los había abandonado. Alzó su brazo izquierdo y lo llevó hacia su espalda para verificar que su arma, su vieja lanza de batalla que tantas veces lo había acompañado estuviera firme en su lugar y tras estar seguro emprendió la marcha. Con prisa se lanzó de un salto hacia delante y hacia el pueblo, cayendo en la pendiente de la duna en la cual se encontraba y deslizándose por sobre la arena mientras tras de sí se levantaba una considerable polvareda que terminaba por ocultarlo de la vista de los posibles vigías del pueblo. Finalmente sus pies hicieron contacto con una superficie más sólida y a pesar de ver casi nada comenzó a correr con velocidad hasta que salió de la polvareda, a solo unas decenas de metros de un costado del pueblo.

A cada paso que daba su emoción crecía y con esta sus deseos de matar, había decidido que esa noche sería más brutal y en vez de emboscar a una sola persona tenía ganas de degollar a toda una familia en su propio hogar. Con sus verdosos ojos sin orbes escrudiñó los alrededores del pueblo, bastante silencioso y apacible, solo unas pocas antorchas firmes en los faroles externos proveían una fuente de luz que nuevamente era peor para sus usuarios puesto que reducían su rango de visibilidad nocturna –Tristes principiantes, ni siquiera sus vigías están de ronda, ese error les costará caro- Pensó con malicia el caminante mientras llegaba al borde exterior y daba un potente salto para pasar por sobre la construcción más cercana cuando un destello en su costado derecho llamó su atención e instintivamente llevó su cabeza hacia atrás al momento que una flecha pasaba zumbando a medio centímetro de donde había estado su frente. Con aquel movimiento repentino había alterado su propia trayectoria y terminó viéndose forzado a aterrizar sobre el techo de la casa más cercana para luego girar su cabeza en la dirección de la cuál había sido lanzada la flecha. Ahí a su costado y por debajo suyo, a nivel del suelo había un grupo numeroso de jóvenes pobladores, unos 9 que vestían todos con ropas holgadas del desierto pero desprovistos de los turbantes por lo que Ragnak podía apreciar los rostros de cada uno, rostros turbados de impresión puesto que definitivamente se esperaban casi cualquier cosa a excepción de lo que tenían frente suyo en ese momento; aunque no todos pues uno en particular, aquel que sostenía en sus brazos un mediano arco que había sido empleado recientemente no demostraba horror o miedo alguno, sino más bien furia.

Con tranquilidad y naturalidad absoluta el caminante se giró por completo hacia el grupo y cruzó los brazos a la altura del pecho –¿A qué debo este interesante recibimiento?- Dijo fríamente con su voz ronca y de ultratumba que hizo a unos estremecer pero nuevamente el arquero se demostró superior al resto y respondió.
Ya sabía que había visto algo en la duna ¡Dime qué hiciste con mi amigo!- La rabia en los ojos del joven era increíblemente perceptible pero esto no afectaba al caminante en ningún sentido, se estaba divirtiendo mucho.
Vaya vaya ¿Así que era tu amigo? De saberlo me hubiese tomado mi tiempo con el- Su tono de voz se había vuelto juguetón e insolente, cosa que notó el joven que con rabia tomó nuevamente una flecha y la disparó expertamente hacia el rostro de Ragnak…pero el caminante estaba listo.

Con velocidad se deslizó hacia la izquierda, dejando que la flecha pase de largo y dando nuevamente un salto bajó hacia el suelo, aterrizando de cuclillas en este y levantando un poco de polvo por sobre sus pies. Tres jóvenes salieron del grupo y desenfundaron unas cortas espadas de bronce que seguramente habían pertenecido a los abuelos de sus abuelos, un triste intento de hacer frente a lo inafrontable y emprendieron la carrera hacia el caminante, levantando las espadas hacia el cielo y gritando a viva voz.
Ineptos- Susurró Ragnak y sin esperar saltó hacia delante de uno de los jóvenes que tenía la espada aún en lo alto y que había comenzado a descender y valiéndose solo de su mano izquierda como si fuera una lanza perforó el pecho de este. El movimiento fue tan rápido para los inexpertos jóvenes que no atinaron a modificar su ataque y terminaron golpeando el suelo mientras su compañero moría en el acto y su cuerpo caía a un costado puesto que el caminante había cambiado de objetivo. Así con su mano derecho tomó el rostro del joven más cercano y girando su muñeca hizo lo propio con la cabeza de este hasta que su cuello se quebró en un ángulo de 90 grados y produjo un sonoro ¡CRACK! Acompañado por espasmos repentinos que se detuvieron en cuestión de segundos tras lo cual lo soltó y cayó al suelo. El caminante ahora dirigió su atención al último de los tres que había recobrado la postura y miraba atemorizado como una bestia acorralada al que tenía en frente, al asesino, al no-muerto. Tomando con fuerza el arma con las dos manos la llevó hacia su derecha para realizar un corte horizontal pero el caminante se acercó y antes de que pudiera hacer algo bloqueó el envión sosteniendo el mango con su mano izquierda y con su derecha tomó el cuello del joven y lo alzó en el aire mientras ejercía presión, este desesperadamente intentaba gritar pero ningún sonido salía de su boca. El caminante giró su rostro hacia el resto del grupo y en especial fijó sus vacíos y verdes ojos en el que era su líder mientras su mandíbula dibujaba lo que era la mueca más macabra de la que pudieran haber sido testigos y en ese momento apretó con fuerza su mano derecha, estrujando al máximo el cuello del joven y llegando a sentir sus vertebras mientras que de su boca brotaba sangre sin parar y su lengua salía casi por completo hasta que sus ojos se pusieron blancos y su cuerpo dejó de moverse.

Con un movimiento lanzó al cadáver al suelo frente a sus compañeros, los cuales no podían dejar de verlo y más de uno vomitó en el suelo pero el arquero seguía con la mirada fija en el caminante y a el eso le gustaba, lo emocionaba, haría más dulce el momento de arrebatar esos desafiantes ojos de las cuencas de su dueño –Contigo me tomaré mi tiempo pequeño.
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MensajeTema: Re: EL CAMINO DEL CONDENADO. CAPITULO I EL DOLOR QUE CAUSO [Privado + 18]   Lun 24 Sep 2012 - 23:39

El caminante comenzó a avanzar hacia sus victimas, los seis restantes que aún se atrevían a hacerle frente. Paso por paso se movía lentamente como si de un film de terror en cámara lenta se tratara; cada movimiento de cada músculo de cada extremidad podía apreciarse casi por completo mientras Ragnak alzaba su brazo derecho hacia su espalda hasta que su mano palpó el mango de su mortal lanza y de un solo movimiento la extrajo y giró con habilidad en el aire tras lo cual detuvo su andar a pocos metros de estos y golpeó el suelo con la parte inferior de su arma produciendo un sonoro y seco ruido que sobresaltó a los 5 jovenes que instintivamente habían retrocedido con cada paso del caminante hasta situarse tras su líder, usándolo de cierta forma como un escudo humano.

Ragnak sonrió lo más que aquel rostro carente de ciertos músculos y rajado en la comisura de la boca pudiera permitirle y aspiró con fuerza –¡Ah! Adoro el olor a terror en la noche, es tan… refrescante- En ese instante dos de los jóvenes que se encontraban en la parte trasera del grupo soltaron sus armas y dieron la vuelta para correr, abandonar, salvar sus simples y cortas vidas, cosa que no pasó por alto el muerto y dando un salto en el aire y hacia el costado llegó hasta una pared donde dio un segundo salto que lo elevó por sobre el grupo y llegando justo encima de los cobardes.
¡Cuidado!- Apenas pudo gritar el líder hacia sus compañeros que no reaccionaron a tiempo. El caminante dio un corte con su arma de derecha a izquierda en el aire que primero cercenó la cabeza de uno de los jóvenes para luego descenderlo y cortar la parte trasera de los muslos del segundo, provocando que este caiga al suelo y grite de dolor mientras trataba desesperadamente de arrastrarse por el suelo. Ragnak efectuó un giro en el aire y terminó de pie al lado del joven herido y mirando hacia los compañeros de este –Los débiles serán los primeros en caer- Dijo suavemente tras lo cual elevó su pie por sobre la cabeza del joven.

¡NOOOOOOOO!- Gritó el líder mientras veía como la cabeza del que fue uno de sus compañeros era aplastada de una pisada y una mezcla de fragmentos de cráneo, sesos y sangre se esparcían en varias direcciones sobre el suelo y salpicaban incluso las ropas de estos.
No te preocupes… incluso los fuertes caerán al final ante el azote- Dijo con vehemencia y emitió una sonora carcajada al aire. Ahora solo quedaban cuatro ¿Quién sería el siguiente en morir? Lo cierto era que no dependía de ellos tal elección.
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MensajeTema: Re: EL CAMINO DEL CONDENADO. CAPITULO I EL DOLOR QUE CAUSO [Privado + 18]   Miér 26 Sep 2012 - 1:10

Ahora...me pregunto ¿Quién debería ser el siguiente?– Dijo el caminante mientras se llevaba la mano izquierda al mentón y comenzaba a rascárselo lenta y suavemente -Decisiones, decisiones ¡Ya sé!- Gritó y arqueó una ceja mientras realizaba una mueca –Los mataré a todos juntos ¿A qué no soy piadoso? Si, definitivamente lo soy ¡Está decidido!- Tras lo cual tomó con fuerza su arma y dio un salto hacia sus oponentes; sin embargo algo había cambiado, la sensación no era la misma que hace apenas unos momentos, era algo nuevo, diferente y amargo, ya no era miedo lo que emanaba de sus cuerpos a través de cada uno de los poros de su piel como si de sudor se tratase; sus rostros decididos, ligeramente tambaleantes y tensos cuerpos que sostenían en sus manos las herramientas de su defensa, espadas en su mayoría a excepción del joven líder que tensaba su arco en dirección del caminante.

Vaya, parece que al fin han reaccionado… no importa, nada los salvará pues de la muerte no hay escape- Se dijo para sus adentros, los eventos que se sucedieron a continuación pasaron tan rápido que solo un ojo experto y entrenado podría verlo detenidamente y con precisión. El líder lanzó la flecha que veloz se dirigía al rostro del caminante mientras que los compañeros de este se posicionaban a su costado, prestos a lanzar golpes cortantes a diestra y siniestra sin aparente dirección fija, un hábil intento por reducir las posibilidades de esquivar ileso alguno de aquellos ataques…nada más alejado de la realidad. El caminante ladeó un poco el rostro y abrió la mandíbula, permitiendo a la flecha adentrarse en esta y atravesar su carne para terminar saliendo limpiamente por la nuca de este, dejando un desgarrado agujero en la parte trasera del cuello que poco le importaba; lo mismo pasó con los ataques de las espadas que sin dificultad dieron en el blanco, atravesando tela y músculos con ciertas complicaciones en su hombro izquierdo, trapecio derecho y costado izquierdo del plexo hasta que las viejas armas se detuvieron al encontrar tanto hueso como porciones de armadura. Como una bien practicada y experta coreografía los movimientos del grupo habían sido precisos y logrado impactar en el blanco de lleno, en sus rostros comenzaba a avistarse un rayo de esperanza ante la posibilidad de una victoria puesto que seguramente no había ser que pudiera resistir tal castigo, fue el rostro del joven líder el que más satisfacción demostraba hasta que este sintió que algo hacía contacto con su piel, algo cálido que empapó casi toda su cara de un color escarlata brillante como la sangre… y es que era sangre.

Sangre y más sangre por todos lados pero ¿Acaso era del agresor? ¿De aquél ser extraño? Por más que recorriera y buscara con la vista el resultado era el mismo, de las heridas infringidas no emanaba líquido alguno, estaban secas como el desierto mismo –Deberías prestar más atención a tus enemigos- Dijo en un susurro y entonces el joven bajó la mirada a los costados y su rostro tomó una expresión de horror pues sus compañeros comenzaban a caer al suelo y conforme esto sucedía las piernas de estos se separaban de sus torsos para caer en diferente posición en el suelo y continuar tiñendo este de rojo. Entonces una nueva sensación lo invadió, un dolor agudo en el abdomen y bajando la mirada vió que lo tenía rajado a la misma altura que sus compañeros pero que por haber estado algo más alejado había sufrido menor daño. De rodillas cayó al suelo soltando su arma y llevando las manos a la herida para parar el sangrado mientras que lentamente subía la vista hacia Ragnak, preguntándose cómo habían fallado cuando todo parecía haber dado resultado, este se encontraba enfrente suyo con una sonrisa y retirando una a una las espadas que se habían incrustado en su cuerpo para terminar arrojándolas al suelo –Te preguntarás qué ha pasado ¿No? Te lo explicaré, no puedes matar de esa forma a alguien que ya está muerto, simplemente me dejé golpear para dejarlos completamente vulnerables y a esa distancia solo necesité un único movimiento de mi arma para terminarlos- Su sonrisa no se desvanecía mientras que en la cabeza del joven las ideas y pensamientos convergían a toda prisa ¿Muerto?¿Cómo pueden los muertos andar como vivos? Esas y muchas más preguntas sin respuesta hacían eco en él –Fue interesante- Dijo el caminante mientras lo tomaba del cuello con su mano izquierda y lo elevaba a la altura de su rostro –Pero los juegos terminaron y es hora de la cena- Y tras esas palabras dio un fuerte mordisco en la mandíbula inferior del joven, hundiendo aquellas filosas púas que eran sus dientes y de un tirón se la arrancó del rostro, dejando una desgarrada lengua colgando en el aire y sangre cayendo al suelo como una cascada mientras el pobre intentaba gritar pero era incapaz de proferir ruido alguno. El caminante escupió la mandíbula y rio a carcajadas para luego alzarlo por sobre él y comenzar a devorar el abdomen del joven, haciendo que pedazos de tripas y piel cayeran al suelo mientras su cuerpo sufría espasmos hasta que terminó muriendo y arrojando así el cadáver desgarrado y fragmentado, casi irreconocible del joven líder mientras se pasaba el brazo por la boca para limpiar el exceso de sangre a la par que las heridas recibidas hace unos momentos se cerraban como si nunca hubiesen sucedido gracias a su habilidad racial –Bien, eso ha estado delicioso

Ven a mí…

El caminante se sobresaltó y giró listo para atacar pero no pudo encontrar nada a la vista
¿? Eso fue extraño
Ven a mí…
Nuevamente aquella voz lo llamó, una voz que no podía ser escuchada más que por el aunque eso el aún no lo sabía, Ragnak comenzó a mirar hacia todas direcciones, tratando de saber con insistencia de dónde provenía aquella voz hasta que posó su rostro hacia el sureste y nuevamente la escuchó.
Ven…
Por algún extraño motivo que el desconocía se sentía atraído hacia aquel misterio y lentamente comenzó a caminar, abandonando el pueblo y adentrándose en el desierto hacia el misterio y el destino que lo aguardaba más allá de donde las esperanzas terminan y el miedo real aflora en el corazón de todo ser vivo.

-Fin de este capítulo-
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MensajeTema: Re: EL CAMINO DEL CONDENADO. CAPITULO I EL DOLOR QUE CAUSO [Privado + 18]   

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