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 Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]

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MensajeTema: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]   Sáb 29 Dic 2012 - 15:24

Primera Trilogía de Alby: Renacimiento y Redención

Capítulo 2: El asesino del rey



Nada más adentrarme nuevamente en tierras humanas el correo volvía a fluir y las aves mensajeras me atosigaban en los cielos mientras sobrevolaba la zona a lomos de mi fiel invocación. Pero todo aquello podía esperar puesto que primero era mi salud, puesto que después de los acontecimientos sucedidos en el reino dragón, estaba física, psicológica y emocionalmente agotado, por lo que no estaba para mediar palabras con mensajeros ni tan siquiera con los míos, con mis Buscadores. Solamente quería descansar y por tanto, descendí ante la primera posada que encontré, pagué al posadero por una cama y un desayuno y después de descansar un día entero me lavé la cara y el cuerpo mientras que por último, debía lavar mi espíritu en las aguas de un río cercano, dejando que su tranquilidad y su música invadieran mis sentidos.

Ahora sí me encontraba en condiciones de responder las nuevas que me traían. Principalmente eran cartas que preguntaban mi paradero, que si me encontraba bien, si me había sucedido algo que no daba señales de vida. No era de extrañar que casi todas fueran de los miembros de mi clan, que parecían los únicos que se preocupaban por mí, por interés o por verdadero afecto lo hacían y yo me sentía querido, pero en algunas ocasiones se excedían demasiado, como si fuera un niño pequeño que hay que proteger constantemente porque no sabe cuidarse por sí mismo. Sin embargo, una carta parecía diferente a cualquier otra, puesto que tenía un sello real que representaba a la monarquía de Rosbasha.

Por unos segundos dudé si abrirlo puesto que no estaba seguro por qué me enviaban aquello ¿Qué quería de mí el monarca ahora? ¿Otra expedición como la d la fortaleza de las Edades? Sí intentaba ponerse en contacto conmigo debía ser algo importante, por lo que finalmente la abrí para así revelar que era una cita por parte de nuestro rey. Quería verme en su castillo puesto que debía debatir un asunto de vital importancia conmigo, por lo que debía acudir cuanto antes para verle.

Sí había decidido el monarca en ponerse en contacto conmigo debía tratarse de algo verdaderamente crucial, quizás por mi condición de líder de los Buscadores de la Luz era necesario mi conocimiento o simplemente se necesitaba a un mago blanco de alto poder. Sea como fuere, enseguida puse rumbo a la capital, esta vez a lomos de mi grifo para no malgastar mi energía en mantener a mi invocación lo que durase el vuelo, sin embargo no es que fuse especialmente largo puesto que ya me había acercado bastante a la ciudad. En un abrir y cerrar de ojos ya me encontraba ante las puertas de palacio, adentrándome por los corredores mientras los guardias y soldados me indicaban el camino hacia donde estaba el monarca en esos instantes.

Solo una puerta se interponía en mi camino, la entrada a los comedores, donde debía de estar aquel que me había convocado para entablar conversación conmigo, pero jamás se me hubiera ocurrido que era lo que me esperaba tras esa puerta pues tras adentrarme y cerrarla tras de mí. Al darme la vuelta pude comprobar que el rey y yo no estábamos solos, sino que había otro individuo al lado del monarca, y era más, le acababa de clavar un cuchillo en el pecho, lo cual hizo que me sorprendiera y terminara corriendo para socorrer a nuestro monarca terminando recogiendo el cuerpo que caía de su majestad.

Pero ya era tarde, no podía hacer nada, el cuchillo le había atravesado el corazón y no podía hacer nada por remediarlo, la sangre fluía mientras retiraba el arma homicida del cuerpo del muerto y alzaba la vista para mirar con ira y furia al asesino. Pero entonces mi sorpresa fue a más puesto que ya conocía a aquella persona envuelta en una capa negra y con una capucha puesta. Aquellos ojos azules y ese cabello negro y largo, se trataba de mi tío Mordered, Mordered Rocnus, quien había acabado con la vida de aquel hombre que nos había gobernado durante tanto tiempo.

-¿¡Por qué lo has matado!?-exigí que me respondiera puesto que todavía era incapaz de comprender la situación.

El me miró mientras retrocedía despacio, hacia la otra salida de aquella sala mientras recitaba- Yo no he sido quien lo ha matado- En ese instante levantó las manos para mostrar que llevaba guantes, por lo que yo miré mis manos ensangrentadas que habían intentado parar la hemorragia y con un grito ahogado comprendí que era lo que intentaba hacer, echarme la culpa de un asesinato que no había cometido.- Esto no hubiera sucedido si no hubieras deshonrado el nombre de nuestra familia mezclando nuestra sangre con una impía.

Mi tío y gran parte de los suyos habían sido la mitad extremista de mi familia que se oponía rotundamente a los mestizos, solamente por haberme casado y tenido descendencia con una de aquellos a los que llama ascios o engendros ¿me estaba haciendo eso? No terminaba de creerlo pero cuando fui a responder ya era tarde, se había marchado, y un nuevo sonido captó mi atención. Me giré para ver como el hijo de nuestro monarca entraba en la sala con dos guardias y al ver la escena gritaba.

-¡Asesino! ¡Has matado a mi padre! ¡Guardias, cogedle! ¡Matadle!-No había vuelta atrás, debía hacer algo, en esas circunstancias daba igual lo que dijera en mi defensa, el chico creería más en lo que había visto que en mis palabras, no podía dejarme que me cogieran, debía escapar y arreglar las cosas de alguna forma.

Me levanté rápidamente y miré a mi alrededor, guardias, entraban en manad en la sala por las dos entradas, dejándome solo una opción de huida, la ventana. Corrí y corrí con todas mis fuerzas y salté, tapando mi rostro y cuerpo con mi túnica par no resultar herido por los cristales al romperlos, todo lo que sucedió a continuación fue caótico y desordenado.

Sentí mi cuerpo caer, el castillo estaba erigido en la base de una montaña y ahora estaba cayendo por un precipicio, terminando mi vida estampándome contra las casas y los tejados de los edificios que tenía a mis pies de no ser porque silbé con la esperanza de que mi grifo me recogiese, y así fue como lo hizo. Apareció como un rayo de esperanza y suerte al cual me aferré junto a mi vida para intentar escapar de aquel lugar, debía abandonar la ciudad, lo antes posible ya que podía escuchar lo que pretendía hacerme el hijo huérfano.

-¡¡Atrapadlo, dad la voz de alarma, convocad a magos y a soldados!! ¡¡Cualquier cosa pero no quiero que ese criminal salga de la ciudad!! ¡¡Lo ejecutaré yo mismo públicamente, que pague por los crímenes cometidos!!

Debía ser rápido, y eso lo pedía a mi mascota a quien le susurraba a la oreja pegado a su cuerpo: Más rápido por favor, debemos escapar.

La suerte me había salvado y la misma podía decantarse en mi contra, puesto que la diosa fortuna le gustaba el equilibrio, ni mucha suerte, ni muchas desgracias, y para compensar mi salvación, otra vida debía ser cobrada. Una bola de fuego proveniente de uno de los tejados de las estructuras impactó de lleno contra mi grifo, derribándolo y hacernos rodar por las superficies inclinadas de los tejados de las casas. Mi mascota había dado la vida salvándome y ahora había muerto por un descuido mío, su cadáver yacía medio carbonizado y humeante mientras yo me debatía sosteniéndome al borde de la estructura para no precipitarme a las calles.

Y unas manos aparecieron de la nada agarrándome y levantándome hasta ver su rostro, se trataba de uno de los magos de fuego más poderosos del círculo de la Escuela Blanca, de cuando atacaron esta y me vi involucrado en el incidente.

-¡No sabes las ganas que tenía de echarte la mano encima desde aquel fatídico día que te libraste de que te condenasen a ti y a tu amiguita por traer a esos seguidores oscuros! ¡Y por fin te tengo aquí!

-Me temo… que tendrás que seguir esperando-le respondí mientras mi cuerpo se fragmenta en cientos de luciérnagas que revoloteaban a su alrededor y escapaban de sus manos mientras les gritaba que volvieran. En un tejado alejado volvía a recomponerme para iniciar mi carrera, estaba visto que era mi única solución, escapar por los tejados, sobrepasar la muralla y perderme en la vegetación y los bosques cercanos.

Fuego, flechas. Era acosado en cada salto por una andanada de proyectiles con el objetivo de derribarme, mientras que el mago enfurecido me perseguía, colérico, intentando acabar conmigo. Mi corazón latía muy rápido, demasiado rápido, y mi cuerpo empezaba a resentirse, empezaba a fallarme, y en un momento dado tropecé, precipitándome sobre el mercado, sentí mi cuerpo caer y dejar que el aire lo meciera antes de acabar encima de uno de los puestos, destrozándolo mientras los guardias se arremolinaban a mi alrededor y yo poco a poco iba perdiendo la conciencia.

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MensajeTema: Re: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]   Jue 3 Ene 2013 - 17:11

Tsk...pero que perdida de tiempo mas innecesaria, había tenido que soportar la compañía de ese humano y como es que no se dio cuenta desde el primer momento. Puag, en serio que lo pensaba y le entraban arcadas de las pocas luces que tenían algunos humanos, pero siempre era mejor a aquellos que tenían demasiadas y se volvían demasiado cabezotas con eso de que soy extraña. No claro si les parece...en fin, no tenía ningún sentido seguir pensando en ello, de todas formas ahora no estaba necesitada de buscar alguien perdido en la ciudad, solo quería encontrar un lugar para pasar el rato hasta que llegase la noche, una posada estaría bien.

Lo mas difícil fue atravesar las calles de la ciudad evitando miradas indiscretas de los habitantes y además no estar lo menos posible expuesta al sol, que parecía lo mas imposible siendo como era de día. Se había entretenido demasiado en aquel bosque del paso del este y había llegado a la ciudad cuando el sol estaba en su punto álgido. Suspiró aliviada cuando al fin encontró un lugar donde evitar la presencia de la luz solar, utilizando la sombra de una gran edificio con grandes pintas de castillo real. No me digas, que te lo hizo pensar que había bastantes guardias, que tuviese almenas o simplemente su construcción, que estupideces se llegan a decir a estar horas del día a pleno sol.

De no ser por un intenso y penetrante olor podría haber perdido la noción del tiempo allí arropada por la sombra que le ofrecía la gran construcción, había encontrado el lugar perfecto, pero parecía que el señor destino no pretendía darle tregua ese día, ni siquiera siendo aquellas horas del día tan soleadas, suspiro cerca de la molestia. Aún así ese penetrante olor seguía flotando en el aire y ahora de manera mas abundante que antes, hacía que sus sentidos se agudizaren y su mente solo se centrase en identificar tan preciado olor que la llamaba, ¿que descuidado humano se había herido esta vez? Pero en esa cantidad no podía haberse tratado de un accidente.

De su garganta sin poder evitar salio una especie de risa, pero mas instintivo que aquello, lleno de satisfacción, por esas cosas adoraba a los humano a pesar de asquearla como ninguna otra raza lo hacía, eran tan codiciosos que lo dejaban todo por medio. Lo mejor no era aquello sino que dejaban que se perdiese tanta sangre entre sus objetivos que se podría alimentar a u vampiro durante mucho, mucho tiempo. Por el castillo ¿habría sido un golpe de estado o algo parecido?, por esas cosas no había renunciado a dejarse ver por las zonas de residencia humana de vez en cuando, era interesante...se podría decir que era incluso divertido ver como hacían cualquier cosa y empleaban cualquier método para conseguir lo que querían.

Entonces como siempre ocurría en todo caso de grandes asesinatos empezó el griterío, ah! y no podemos olvidarnos de los fuegos artificiales y todo el despliegue que se solía dar, ya lo había visto mas veces y era interesante seguir el rastro del que había desperdiciado tanta sangre. Quizás mas tarde volviese al castillo para que la sangre de quien fuese, poco importaba ya, no sería la primera vez que se aprovechaba de la codicia humana para conseguir un abundante banquete. Después de todo los muertos no podían quejarse y al que lo había matado poco le importaba ya porque esa persona estaba muerta, de esta forma todo resuelto, ella podía encargarse de aquello. De todas formas si lo pensaba bien era un poco triste recoger las sobras de esa codicia, aún así la sangre era la sangre y cada gota para alguien de su talla era importante, mas incluso que el posible honor que se desprecia al hacer algo como aquello.

Volviendo al asunto que se trae entre manos y olvidando pensamientos tan filosóficos que trata de honor y vida, ja!, desde cuando los vampiro tienen honor, y en cuento a su vida todos somos "malditos", nada del otro mundo ¿verdad?. Exactamente igual que ver a un hombre de edad media cubierto de sangre, si esa que le había despertado de todo ese rollo de quedarse a la sombra del castillo hasta el anochecer. Bien, pues ese sujeto se acababa de convertirse en luciérnagas que se dispersaban a voluntad dejando con la palabra en la boca a otro mas viejo y a unos cuantos pares de guardias, y ella por su puesto alababa aquella determinación, pero tal y como pintaban las cosas, el sujeto humano cubierto de sangre no las tenía todas con el. De todas formas decidió seguirlo para ver como acababa su andanza.

Tsk, porque narices a elegido el tejado para escapar de todo el solito a montado,no sería mejor ir por las calles y estrechas callejuelas, de esta forma podría despistar a los guardias y no estaría tan expuesto a todo lo que le estaban tirando para cogerle. Pero quien es ella para dar consejos, nadie, solo tiene 200 años de experiencias vividas y quien sabe cuantos puede tener un humano de apariencia media que puede convertirse en luciérnagas. Por eso también le ha entrado un poco de curiosidad por como va a acabar y si tiene algún truco mas bajo la manga. Para su desgracia y aburrimiento lo único que ocurrió con el humano después de su idea de la huida por los tejados fue que acabó exhausto sobre un puesto destrozándolo y quedando a merced de un buen número de guardias

Aún estando entre las sombras que le proporcionaban los edificios soltó un leve suspiro y se apoyo en la pared, un lástima que le hubiesen cogido, pero al fin y al cabo los seres humanos tienen unas limitaciones que no son capaces de sobre pasar, incluso los que aparentemente son magos como ese, y aquello había quedado mas que comprobado-Una lástima que este espectáculo termine aquí, quizá sea hora ya de bajar el telón de este acto-susurró mientras volvía a echar un vistazo al remolino de guardias y al humano ensangrentado. Si lo pensaba bien, tampoco era un mal partido un supuesto mago que osa matar a un rey y casi consigue escapar despertando la curiosidad de una todavía joven vampiresa, desde luego era buen material para una novela de terror, o de cualquier género de fantasía.
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MensajeTema: Re: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]    Dom 6 Ene 2013 - 18:38

Mis posibilidades de escapatoria ahora eran nulas, mi confusión, el ritmo de los acontecimientos que se desarrollaban a mi alrededor me habían sobrepasado y eso había causado mi perdición puesto que en un momento dado, centrándome en evadir los proyectiles y escapar de mi perseguidor de la escuela blanca sin tener acceso a las callejuelas puesto que el gentío y el pánico corrían por ellos imposibilitando el hallar una vía de escape. Mi única solución había sido tratar de escapar lo más rápido posible antes de que aislaran Rosbasha, pero había fallado al no percatarme de que bajo mis pies ya no había más tejado por el que desplazarme, precipitándome al vacío y terminando destrozando uno de los puestos al atravesarlo mientras los guardias se arremolinaban a mi alrededor. Decenas, cientos de manos y brazos alargándose hacia mí, intentando cogerme, agarrándome y levantándome mientras yo perdía la consciencia.

El camino que había recorrido y por el que me habían arrastrado debía de imaginármelo por mi mismo puesto que no tenía nada ni nadie que me pudiera decir cómo fue. Los soldados bajo las ordenes y el liderazgo de los capitanes controlados por el huérfano me habían encerrado en uno de sus calabozos, en la prisión de la ciudad, una estructura solitaria y alejada de cualquier vivienda para así evitar que cualquier cautivo se fugase e intentara esconderse en cualquier casa mientras que las fortificaciones y las defensas de ese lugar hacían que fuera casi imposible salir, o entrar de forma normal. Gruesas paredes de piedra, largos corredores con varios guardas apostados, celdas de individuales o grupales en función si se te ve capacitado para estar con otros presos, en mi caso me había tocado una celda individual.

Para una persona normal hubiese sido quimérico el hecho de colarse o escapar de allí, pero si no eres normal no tienes ese problema puesto que a simple vista no había ninguna protección mágica que impidiera que los magos o hechiceros escaparan realizando algún conjuro, sin embargo la razón de esto era quizás porque había varios tipos de cárceles, las cárceles para criminales normales, en la que me habían metido quizás porque en ningún momento había realizado ningún hecho fuera de lo normal, aunque todavía estaba el escapar de las garras del mago de fuego, a lo mejor simplemente me habían encerrado ahí por ser humano, o porque me iban a ejecutar. También estaban las cárceles mágicas de las cuales se encargaban las torres de hechicería, aislando a magos peligrosos y brujos en todo tipo de prisiones, desde cristales a celdas totalmente carentes de cualquier tipo de magia, o incluso se hacía entrar en letargo a algunos prisioneros para tenerlos controlados y asegurarse de que nunca despertaran.

Me desperté cuando sentí como el agua fría era arrojada desde un cubo hasta mi cuerpo gracias a uno de los guardias al cargo que me trataba de reanimar desde detrás de los barrotes. Mi cuerpo se hallaba suspendido, atado del techo por las cadenas mientras que en mis pies estaban unos grilletes que unían ambas piernas. En un principio me sentí completamente desorientado, no sabía que estaba pasando ni por qué estaba allí.

-¡Despierta ya, animal! ¡Estate tranquilo que no te hemos levantado por nada! ¡En una hora o dos tienes sesión con nuestro compañero el “carnicero” que te va a hacer confesar para quien trabajas y porque has matado al rey! ¡Por cierto, en tres días te van a ejecutar, trata de aguantar hasta entonces!-se escuchó la voz del guardia mientras lo acompañaban las risas y el sonido de unos pasos metálico, los de unas botas de una armadura común que se estaban alejando para dejarme solo, por el momento.

¿Había matado al rey? Estaba confuso y me dolía todo el cuerpo. Al mirar donde estaba pude comprobar que era una celda individual con una única entrada, la puerta de barrotes enfrente de mí por la que había escuchado a mis captores. Colgado del techo en el centro de la sala, con una única ventana que no era más que una apertura con barrotes unida al techo, por la que se colaba la poca luz de la noche. Con la parte superior del torso desnudo, me habían despojado de mi equipaje, mi túnica y mi camisa, dejándome solo mis pantalones y mi ropa interior, hasta los zapatos se habían llevado.

Cerré los ojos e intenté situarme, saber qué me había sucedido para acabar así. Entonces lo recordé todo y no pude contener mi asombro al recordar cómo alguien de mi propia familia me había tendido una trampa, mi tío había matado al rey y me había echado la culpa a mí. ¿Por qué? ¿Por haberme casado con una mestiza? ¿Por haber tenido una hija mestiza? ¿Acaso su intolerancia podría haberle llevado a cometer aquello y echarme la culpa? Ya daba igual puesto que si trataba de que me apresaran y me condenaran a muerte lo había conseguido, puesto que allí estaba, colgado, empapado y confuso.

Podría intentar contar la verdad, quizás así me creyeran, así conseguiría que persiguieran al verdadero culpable. No, era una insensatez, no me creerían, sería mi palabra contra la del hijo del rey, no conseguiría nada. Me balanceé un poco hasta que conseguía un leve impulso y conseguía flexionar mis brazos, elevándome para comprobar que mis manos estaban atadas por otros grilletes y unidas las dos pegadas. ¿Qué intentaba hacer? A mí nunca se me habían dado bien las cosas de forzar cerraduras ni escapar de ataduras, nunca me había encontrado en esa situación, siempre me había limitado a usar la magia para todo, pero quizás esa obsesión de centrar mi fuerza en mi magia había sido mi perdición.

Podría intentar abrir un portal, pero ¿para qué? No me podía mover por lo que no podría atravesarlo y aunque pronunciara las palabras, los conjuros necesitaban de algunos gestos especiales para darles poder. Podría intentar convertirme en luciérnagas, pero sería una mala idea, aparte de que no me podía mover muy lejos bajo esa forma también suponía que debería enfrentarme a los guardias y escapar manualmente, pero sin magia puesto que esa habilidad me incapacitaba hasta que se recargara.

Por último pensé en los buscadores de la luz e incluso en mi propia familia. Ahora que yo había sido acusado, la mala fama los perseguiría e incluso aluno intentaría disolver o apresar a mi clan con tal de meterles en el mismo saco que a mí, tacharlos de terroristas o de traidores. Además de que si mi tío seguía intentando acabar con la mancha impía, como así la había llamado, que había dejado, lo próximo que atacaría sería a mi familia, mis padres, mi hermana y mi… hija.

Estaba furioso, cabreado, tenía ganas de matar a aquella serpiente traidora y sin escrúpulos, me gustaría retorcerle el pescuezo si lo tuviese entre mis manos, pero debía centrarme ahora en hallar una forma de escapar, ocurrírseme un plan y rápido puesto que su carnicero tenía una cita conmigo.

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MensajeTema: Re: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]   Dom 3 Feb 2013 - 8:53

La noticia no tardo en extenderse entre los buscadores, Alby, el lider del clan, había sido apresado, acusado de asesinar al rey, yo no me lo podía creer, conocía a Alby, no era un asesino, y ahora con su hija, mucho menos, necesitaba saber que había pasado, por eso había salido rápidamente de palacio, Arwen seguía debil del parto y me había rogado que fuese yo quien fuese a investigar, que tuviese cuidado, que no me descubriesen, yo era el miembro más nuevo de los buscadores y aun no me reconocerían, si comenzaban una caza no empezarían por mi.

Al llegar a la entrada de rosbasha me detube ,nerviosa, donde estaría, miré hacia arriba, probablemente le hubiesen encerrado, pero dónde, el torreón? En una carcel? En una escuela? Necesitaba averiguarlo, pero no podía usar la chapa, es más, lo mejor sería no llevarla conmigo, si me registraban y la encontraban acabaría com Alby y se desataría un desastre que no seríamoscapaces de imaginar, debía ser precavida.

Escondí la insignia tras unos matorrales y me rasgué la ropa, lo que me obligaban a usar las amas de llaves cuando me descubrían no era lo más comodo para este tipo de cosas, tal vez pudiese crear algún tipo de confusión, pero ya dedía haberla por el aseninato. Suspiré y comence a andar hacia la carcel, esperaba estar en lo cierto.

Pronto aparecieron ante mi unos muros de piedra grandes, anchos, gruesos, me acerqué al muro y puse una mano sobre el, si tenía magia sentiría su latido, el muro no tenía magia, pero alguien de dentro si, o al menos la había tenido, era la esencia de la magia de Alby.

Acercandome a la puerta, decidida a comprobar la verdad, observe como dos guardas se saludaban, la unica forma de entrar sin ser vista era el muro, rodee la enorme pared y escalé. Un guardia estaba de espaldas a mi, necesitaba que no me viesen, miré a la'luna arremoliné su luz a mi alrededor i entre a la prisiœn siendo invisible, a luz se movía a mi alrededor con tal rapidez que el ojo no era capaz de verlo, ya solo tenía que encontrar a Alby
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MensajeTema: Re: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Alanna]    Jue 7 Feb 2013 - 22:30

No podía permitirme el perder tiempo, cada segundo contaba, y los necesitaba todos para poder trazar una estrategia, la fuerza bruta no bastaba, nunca servía de nada, puede que una batalla sea ganada por la fuerza de los soldados, pero las guerras son ganadas por los estrategas, un hombre puede enfrentarse a un ejército entero y salir victorioso, una estrategia ganará la guerra en un solo enfrentamiento. Debía recurrir a todo lo que había aprendido en mis años que invertí en leer y aprender el conocimiento de los Buscadores, debía llevar a la práctica todo este conocimiento, debía hacer honor a mi título de líder y demostrar que el enemigo al que se enfrentaban no era un muchacho indefenso sino un estratega capaz de vencerles desde dentro.

-Conocimiento, acude a mi llamada-susurré para mi mismo mientras entornaba los ojos y trataba de emplear mi imaginación para trazar un plano. Al principio fue bastante tosco y deprimente pero a medida que lo nutría con mis conocimientos acerca de las estructuras y su organización, todo iba cobrando forma.

Yo me hallaba en una celda, desarmado, atado y medio desnudo. Debía de alguna forma escapar, recoger mis pertenencias, eso era esencial, no podía luchar eternamente desarmado, si conseguía conservar toda la energía que pudiera, me sería más fácil emplearla en un futuro. Bien, un objetivo trazado y claro, pero no era el único, debía escapar como fuera de la prisión e irónicamente salir para meterme dentro de la boca del lobo de nuevo, debía llegar al centro de la ciudad, frente a la Escuela Blanca y hablar con mi familia, y asegurarme que la pequeña estaba bien. Debía asegurarme de que ellos estaban bien y de que no corrieran ningún peligro posible, si podía debía sacarlos de este lugar, si permanecían en Rosbasha, tarde o temprano los guardias se los llevarían para interrogarlos, o peor, mi tío podría ir y encargarse personalmente de “limpiar” la familia, matando a mi retoño, cosa que jamás le perdonaría si llegara a hacerlo. Recorrería cielo, tierra, abismo, infierno, vacío, limbo, solo para poder ver como se ahoga en su propia sangre.

-Tranquilízate. Alby, mantén la cabeza fría y céntrate-me decía una y otra vez mientras pasaba a planear mi siguiente, movimiento. Escapar de una forma ruidosa y violenta solo causaría el levantar en armas a todos los guardias y alertarlos de que pretendía escapar, eso quedaba descartado.

Por otra parte estaba el hecho de que yo era un licántropo, bueno, supuestamente, es bastante gracioso, años y años con este cuerpo y todavía no sé que soy, ¿No es cierto, Manolín? Las pesadillas siguen atormentándome, pero he de ser fuerte y esta puede ser la clave. ¿Cuánto tiempo tardo de cambiar de forma? Unos tres segundos. Podría tratar de transformarme ahora para romper las cadenas y soltarme y así estaría libre para esperar a que llegasen mis guardas para llevarme a la sala de interrogatorios. Sin embargo, había un problema, si los soldados veían que me había desencadenado y hubiera la impresión de que me hubiese fugado, había solo un cuarenta por ciento de probabilidades de que abriesen la puerta y yo pudiese escapar de verdad, de lo contrario, me quedaría encerrado como lo había estado hasta ahora.

No podía correr ningún riesgo, debía de estar cien por cien seguro. Eso solo me dejaba una opción, debía aprovechar el momento exacto en el que me sacaran y me desencadenaran para conducirme a su compañero y que me interrogase. Debía ser preciso y letal, no podía dejar que ninguno de los escapase y diera la voz de alarma, debía hacerlo, debía actuar de la mejor forma posible, debía hacer todo lo posible por escapar, aunque luego tuviese que arrepentirme, debía hacerlo.
Cerré los ojos y agudicé mis sentidos mientras esperaba pacientemente, dando la impresión de que estaba dormido, pero en realidad estaba aguardando, aguardando el momento preciso, el cual no tardó en presentarse.

Los dos hombres que antes se habían burlado de mí volvían a presentarse, primero aporrearon la puerta para informarme de que ya estaban allí. Después escuché el sonido de la pesada puerta abriéndose mientras las pisadas de los dos hombres sonaban cercanas y empezaban a rodearme.

-¿Crees que está dormido?-preguntó uno, a lo que su compañero le respondió.- Yo creo que solo se burla de nosotros, démosle una pequeña lección.- Y en ese mismo instante sentí como uno de ellos me golpeaba en el abdomen provocándome el que me mordiera fuertemente el labio inferior para contener el dolor. -¿Ves como está despierto?

En ese instante sentí como alguien agarraba la cadenas que me sujetaban al techo y comenzaban a trastear con la cerradura de mis esposas. Era el momento, abrí los ojos para toparme con la mirada de uno de ellos que sonrió al verme y dijo burlándose: -Bienvenida, princesa durmiente.-Le respondí con un porte serio y en el momento en el que sentí mis muñecas liberadas, en el momento que sentí como mi cuerpo caía al suelo sobre mis pies, actué. Inicié la transformación.

Aprovechando que mis manos estaban ahora libres y que mis uñas comenzaron a afilarse, mi enemigo no se lo esperaría y pronto lo usé. Aprovechando ese justo instante corté de un zarpazo la garganta de mi oponente mientras era recibido por un baño de sangre que empapó mi cuerpo que empezaba a cubrirse del pelaje negro, pero todavía no había terminado. Rápidamente me di la vuelta levantando una pierna para propinarle una fuerte patada en el cuerpo a mi otro enemigo, lanzándolo contra una de las paredes de la celda donde cayó al suelo y se quedó sentado, mirándome mientras me transformaba y mientras el cuerpo de su amigo caía al suelo, muerto.

-Lo siento, pero no quiero testigos.-Y cuando finalicé mi transformación, abrí la boca mostrando las filas de cientos de colmillos afilados y bestiales que recorrían mi mandíbula y que pronto se cerraron sobre la garganta de mi segundo enemigo ahogando su grito mientras la sangre comenzaba a fluir y a acabar con su vida. Había matado a dos personas, pero no me importaba para nada. Eso era lo que más temía, que hubiese extinguido dos vidas y no me hubiesen dado la menor lástima.

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MensajeTema: Re: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]   Vie 8 Feb 2013 - 20:44

Seguí de esa guisa hasta que logré entrar al edificio principal esquivando las luces de vigilancia, no se escuchaba nada, así que para no cansarme demasiado dejé de usar mi magia y seguí sin ella, no había cogido mi arco ni ninguna arma, me tendría que conformar con que no me viesen, y no me pudiesen relacionar con la familia real élfica, lo cierto es que en esos momento parecía una simple y vulgar ladrona, iba descalza para no hacer ruido, con el vestido completamente rasgado y al estar algo cansada por el uso de mi magia sudada, solo mis orejas podían delatarme, rápidamente, rasgando un poco más de tela de mi vestido me hice una coleta baja, que a la par que me daba comodidad ocultaba mis orejas, ahora parecía una humana más, suerte de mi pequeña altura en comparación al resto de mi raza.

Avancé por un largo pasillo en el que simplemente había estancias, no parecía la zona de los presos, debía ser la de los guardas, tan solo había una puerta abierta, de la cual salía luz no me quería asomar por si había alguien así que me escondí tras la puerta y escuché, dos voces masculinas, graves, ásperas, nada agradables, salían de la estancia y se reían:

-Pues hemos hecho un buen trabajo, está espada es de lo mejorcito- reía uno desagrdablemente.
-Y que lo digas, y esta túnica tan rara? si la vendemos sacaremos un buen pellizco- se carcajeó otro
- Ese tipo no sabe lo que ha hecho, se merece esto por matar al rey- se burlo el primero.
-Hombre, de eso no tenemos pruebas, el hombre solo estaba en la sala pero no tenía nada en las manos que lo delatase- contesto una voz más joven que las dos burlonas.
-Cállate, solo tienes 17 años, que vas a saber tu- rieron ambos hombres- ese monstruo de la naturaleza debería estar muerto ya, pero el carnicero se encargará de él, no hay que preocuparse- dijeron volviendo a estallar en carcajadas.

Me empezaba a molestar, por un pequeño resquicio que quedaba entre la puerta y la sala pude ver los objetos, no había duda, eran los de Alby, tenía que hacer algo, si lo que había dicho el chico era cierto no había pruebas, tenía que sacar de allí a Alby y preguntárselo directamente, pero antes tenía que coger sus cosas, y para eso tenía que distraerlos, al otro lado del pasillo había una enorme lampara de velas colgante, si lograba que cayese la estructura se incendiaría y podría ir con calma a rescatar a Alby pues todos estarían demasiado ocupados con el incendio ya que allí no parecía haber magos, a que mala hora no había traído mis armas, si al menos encontrase algo que pudiese lanzar...

Al ir a moverme golpeé algo con el pie, era un cristal, bastante grande, de una ventana, supongo que por eso hacía tanto frío en el pasillo, se debía haber roto y no habían limpiado, lo cogí y con solo rozarlo me corté la yema de un dedo, era perfecto, ahora solo necesitaba algo con que lanzarlo y que tuviese bastante fuerza como para que llegase, eso era más complicado, pero no imposible, solo necesitaba algo una tela y un poco de madera, la tela la tenía, mi vestido estaba tan maltrecho que por un poco más no pasaría nada, pero necesitaba madera, el cristal estaba tan afilado que si solo usaba tela la rasgaría y mi idea se iría al garete, me atraparían y no podría hacer nada más que fastidiarla, pero todo estaba tan maltrecho que no tardé en localizar un trozo de madera perfecto, ya podía hacer mi honda, até la tela a la madera y puse el cristal, apunté bien, y tras dar varias vueltas para que cogiese impulso el vidrio salió disparado y cortó limpiamente la cuerda que desaparecería con el fuego.

Al escuchar el ruido los dos hombre y el chico salieron corriendo a ver que sucedía momento que aproveché para colarme en el cuarto y coger todas las cosas, la espada, la túnica y todo lo que pensase que podía pertenecer a Alby y al escuchar sus pasos de regreso para advertir del fuego me di cuenta de que no podía volver atrás, por suerte el primero en entrar fue el chico, que al verme entró y me hizo una señal para que me escondiese, yo, sorprendida hice caso y me puse tras una cortina, cortina que camuflaba una ventana, me estaba ayudando, salté por la ventana y caí limpiamente en el suelo, tuve suerte de que fuese un primer piso, era momento de comenzar a buscar a Alby, habían dicho que había un tal carnicero que iba a "darle su merecido" no sabía a que se referían, y sinceramente, tampoco tenía ganas de saberlo.

Me moví con sigilo entre las paredes mientras observaba como la gente corría a ayudar en el incendio, tenía razón, no había magos, entré en el edificio que parecía más.... como decirlo... tétrico, y no me equivoqué, tras recorrer varios pasillos escuché dos fuertes gritos, pensé que todos estaban en el incendio, y aunque temía ser descubierta algo me dijo que corriese hacia ellos, al llegar la escena me revolvió las entrañas, dos cadáveres recientes y un enorme lobo, Alby sin lugar a dudas, pero sus ojos eran diferentes:

-Alby, eres tu?- pregunté cautelosa- soy yo Alanna, me reconoces? vengo a sacarte de aquí, por favor, cálmate, de acuerdo?- dije dejando sus ropas en el suelo y alejándome despacio, no teníamos demasiado tiempo.
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MensajeTema: Re: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]    Mar 12 Feb 2013 - 1:20

Sentí la sangre brotar del cuello de mi víctima y como manchaba mis colmillos e inundaba mi boca con su sabor mientras se deslizaba por mi garganta, pero algo malo estaba pasando algo, extraño y desconcertante. Estaba disfrutando del sentimiento de notar como la sangre fluía y la saboreaba moviendo la lengua, era una sensación horrible pero la estaba disfrutando como si de una bestia o un vampiro me tratara. No era yo, era como si hubiese perdido el control sobre mi cuerpo, como se narraba en las antiguas historias para asustar a los niños, durante la luna llena los licántropos perderían el control transformándose en monstruos que arrasaban todo a su paso.

No era luna llena, no se trataba de instinto, era algo… externo, como una presencia que estuviera actuando por mí, influenciándome a hacer esas cosas, yo no quise matarlos, pero algo me impulsó a hacerlo, algo… Ella.-Si permaneces a mi lado, la oscuridad te consumirá.-recordé sus palabras, unas palabras a las que no había prestado atención hasta ese momento. ¿Era posible que me hubiera manchado de oscuridad? ¿Qué de alguna forma la oscuridad, la maldad y la corrupción se estuviera apoderando de mi cuerpo? No podía permitirlo, ahora no, debía evitarlo a toda costa, pero enfrentar a un enemigo que ataca desde tu interior es realmente difícil.

Pero para colmar mi buena suerte, irónicamente hablando, escuché un sonido proveniente del pasillo, alguien se acercaba y en poco tiempo la figura de una persona apareció bajo el umbral de la puerta. Una figura alta, tal vez porque yo estaba sobre mis cuatro patas, su olor, su inconfundible olor denotaba que se trataba de un habitante del bosque, un elfo. Trató de hablarme pero sus palabras no llegaron a mí, puesto que ahora mismo mis sentidos estaban inundados y superados por una sed de sangre insaciable. Mis ojos al mirarla relucieron un brillo escarlata mientras que no pude reprimir el impulso de gruñirle amenazadoramente e incluso me dispuse a saltar sobre el individuo tras prepararme para hacerlo, sin embargo, al ajustar mi visión a la oscuridad pude reconocerla. Ya la había visto en otras ocasiones, principalmente en Erenh, ella era una de las acogidas de Arwen, cofundadora de los Buscadores, y ella también era buscadora. No podía arrojarme contra uno de mis compañeros, no lo podía hacer, por encima de mi cadáver.

Me armé con todas las fuerzas que todavía me quedaban y luché por dominar a la bestia que amenazaba con atacar a mi compañera, dirigí la trayectoria del salto para en vez de abalan
En ese instante vi que mi ropa yacía en frío suelo por lo que gateé hasta hacerme con ella y pronto me la puse sobre mi empapado torso, era mucho mejor que andar con el pecho descubierto y sobretodo en un ambiente frío y húmedo como ese. Me reincorporé con algo de dificultad y dirigí mi mirada hacia la chica, estaba claro que había venido a por mí, no había ninguna otra explicación para que estuviera allí en ese momento, y con el traje medio destrozado, y seguramente había encontrado mis pertenencias junto a mi ropa.

-No tienes por qué preocuparte por mí, Alanna, estoy bien. Pero ahora mismo me gustaría pedirte un favor, un pequeño favor que significa mucho para mí, no espero que lo comprendas pero lo necesito, necesito llegar hasta el centro de Rosbasha, necesito alcanzar la Escuela Blanca, tengo que llegar a mi casa antes de que las consecuencias de mis actos repercutan sobre mi familia. Tengo que evitar que el asesino del rey alcance mi hogar y termine el trabajo que comenzó por la muerte del monarca. Ayúdame, Alanna, no espero que me creas o pienses que no soy el asesino del rey, pero por favor, ayúdame ahora, necesito salvar a mi familia de este entuerto y evacuar a los buscadores de este lugar, de la ciudad y del reino. A partir de hoy, soy un exiliado de Rosbasha, y los buscadores lo seréis también si tratáis de ayudarme, lo menos que quiero es implicar más gente en una disputa personal, si os preguntan por mí, decid que nunca supisteis de mis planes o de que estaba implicado en la muerte del rey, al menos hasta que logre solucionar el problema y limpiar mi nombre.

Me había quedado un discurso largo, pero había tratado de acelerarlo todo lo que pude ya que el tiempo apremiaba, mis compañeros los buscadores debían renunciar a pronunciar mi nombre o a tratarme como su líder o como un amigo, al menos en tierra humana, puesto que para evitar que los guardias se echaran sobre ellos. Básicamente estábamos en el punto de mira del ejército, un paso en falso y caeremos, y ellos caerán sobre nosotros.

-Debemos evitar a toda costa el que piensen que un buscador vino a ayudarme, así que si has encontrado mis armas, te agradecería que me las devolvieras, además de preguntarte: ¿Conoces una ruta en esta prisión que sea sigilosa y fácil de acceder?

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MensajeTema: Re: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]   Sáb 2 Mar 2013 - 12:06

volvió a ser él, cogió sus ropas y me pidió que le llevase al centro de Rosbasha:

-Yo... creo que... creo que hay alguien a quien podemos pedirle ayuda, espera aquí, no tardaré.

Salí corriendo y escondiéndome fui en pos del muchacho que no me había delatado, lo encontré en las caballerizas, el fuego se había extendido y él era el único que intentaba salvar a los caballos, corrí a socorrerle mientras le decía:

-Quien eres?, porque no me has delatado?
-Soy Brian, te conozco, se a quien buscas y quiero ayudarte.
-En ese caso ven conmigo, necesito tu ayuda, ahora.
-Quieres huir no es así?, has venido a buscar al nuevo preso, al que tendría que haber visitado el carnicero, que ahora mismo esta encerrado en un cuarto rodeado de llamas- mi expresión se volvió triste, ya había vuelto a matar- no te preocupes, le has hecho un favor a la humanidad matando a esa escoria.-sacamos a los caballos y monté en uno cogiendo al otro por las riendas, el chico, Brian subió a otro y susurró- te sigo, tu dirás.

llegamos a la zona de las prisiones de nuevo y subí a la celda de Alby mientras es joven se quedaba con los caballos, escondido en la oscuridad:

-Alby- llame susurrando una vez en la puerta de la celda- vamos bajo, nos esperan, alguien nos dirá como salir de aquí.

Me apresuré a salir del edificio, el fuego no tardaría en alcanzarlo cuando llegué a bajo subí a uno de los caballos y esperé ver a Alby bajar para seguir a Brian que empezaba a impacientarse mientras se cubría el rostro con una capucha.

off rol: perdón por no poder escribir más y por añadir este nuevo npj. es que creo que servirá para desarrollar la historia de Alanna, postearé los findes n.n
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MensajeTema: Re: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]   Dom 24 Mar 2013 - 23:40

No me había devuelto mis armas, por lo que estaría desarmado hasta que las recuperase, podría convocarlas en cualquier instante realizando cualquier simple hechizo, pero incluso con el menor ápice de magia sería detectado por todos los magos de los alrededores, quienes avisarían a la Escuela Blanca y tendría que repetir la misma persecución que la de este mediodía con el hechicero ígneo. Tendría que buscarlas por mí mismo o asegurarme de estar en un lugar suficientemente aislado para que no me detectasen.

De todas formas, tenía un espectacular momento para debatir estrategias pues Alanna me había vuelto a dejar solo en la celda ya que tenía que a algún lugar a buscar a alguien que podía ayudarnos. Cualquiera habría pensado que era una excusa para deshacerse de mí ya que lo que le había pedido la podía haber asustado y había preferido abandonarme a mi suerte en esa prisión. Eso es lo que hubiera pensado si no conociera a aquella elfa al menos un poco, nadie de este tipo hubiera podido llegar a caer tan bien a Arwen como para añadirla a su familia y protegerla, además, como líder de los buscadores tenía acceso a los historiales de mis compañeros, aunque nunca los suelo usar es bueno tener conocimiento de con quién trabajas.

Debatiéndome en estos pensamientos tan opuestos maté el tiempo sentado contra una pared, con una pierna estirada y otra flexionada, hasta que la doncella de los bosques se dignó a volver a aparecer para sacarme de la celda. Parecía, al menos cuando miré en primera instancia, que los guardias estaban ocupados con otro problema, seguramente causado por mi rescatadora. Sea como fuere, llegamos a un patio donde nos esperaba un joven con tres caballos, seguramente aquel era quien había mencionado antes y ese sería nuestra vía de escape.
No pude contener una leve carcajada al ver que los caballos serían nuestra forma de escapar. —Os aseguro que en cuanto os lo diga os reiréis tanto como yo. Tantos años como el líder de los buscadores, acumulando conocimiento de todos los temas posibles, aumentando mi cultura y sabiduría, nunca he aprendido a montar a caballo ni tengo experiencia en ello.-aun así no me rendiría, si no podía usar mi fuerza para domar a mi corcel podía usar mi inteligencia.

Me acerque a uno de ellos, un robusto e imponente caballo de pelaje marrón y con un poco de dificultades me subí a su silla. Entonces, ya sobre él, me incliné y le susurré a la oreja unas palabras mágicas, que en verdad no era un hechizo era simplemente hablando su lenguaje, algo que me enseñaron los elfos hará un par de años. Simplemente había me había vinculado al caballo, mis deseos serían transmitidos a él junto con una promesa de recompensa y él obedecería si quería la recompensa. El caballo reaccionó emocionado y listo para acatar mis órdenes a cambio de unas jugosas manzanas.

Dirigí mi mirada hacia el encapuchado y le transmití a donde queríamos ir: —Es indispensable que nos lleves al centro de Rosbasha, a la casa de los Rocnus, debemos llegar cuanto antes o cosas malas van a suceder y prefiero evitar más derramamientos de sangre en mi nombre que manchen y deshonren mi nombre y el de los míos.

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MensajeTema: Re: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]   Sáb 6 Abr 2013 - 14:50

Brian se puso en marcha sin mediar palabra con Alby, un simple asentimiento confirmó que lo había escuchado, puse al caballo a galopar siguiendo al de nuestro encapuchado guía, había muchas cosas que quería preguntarle, pero no era el momento, ahora necesitaba sacar de allí a Alby.

Nos guió por un resquicio de la muralla que enmarcaba los lindes de la cárcel y por una diminuta puerta , solo lo bastante alta y estrecha para pasar en fila de a uno, salimos al bosque y nos comenzamos a perder en su espesura.

- ¿Por donde nos estás llevando?-le susurré al no reconocer el camino.
-Ya deben haberse dado cuanta de que el prisionero ha huido, este camino no lo conocen, es un secreto pasado de padres a hijos en mi familia, nunca debemos usarlo a no ser que sea cuestión de vida o muerte, si averiguan que te he ayudado antes nos matarán a los tres, por ahora tenemos suerte, a ti no te han visto y a mi me darán por muerto, pero no podemos dejar que nos descubran, ni a tu amigo tampoco, si no me equivoco sois buscadores no es así?
-Si, así es-dije medio muda al no entender nada.
-Mi padre era buscador.

Con eso terminó su charla y siguió cabalgando, como si lo explicase todo. me mantuve silenciosa el resto del camino intentando oír algo con mis orejas, solo gente gritando fuego pasaba a los alrededores, demasiado lejanos para vernos u oírnos, el camino debía ser realmente un secreto, un secreto que no tardo en llevarnos a la parte más sucia de Rosbasha. Donde asesinos, ladrones, rateros y chusma de la peor calaña hacían sus negocios.

- A partir de aquí vais solos, yo he de volver para comprobar que no os localizarán.- dijo mirándonos- Alanna - llamo dirigiéndose a mi- cuando todo esto se aclare mándame un mensaje a palacio, entonces podré explicarte, suerte a ambos.

Se despidió y perdió en la espesura, bajé del caballo y con un trozo de tela que vi en el suelo cubrí mis ropas rasguñadas y mi cabeza, no quería que me reconociesen:

-Alby, por donde, ahora estamos en tu territorio, tu mandas.

Me apreté bien la improvisada capa y cogí con fuerza las riendas del corcel para andar unos cuantos pasos con este a la espalda y pegarme a una pared junto a una esquina para poder observar que sucedía en las calles mientras esperaba ordenes de Alby.
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MensajeTema: Re: Trilogía de Alby: Capítulo 2: El Asesino del rey [Privado, Alby, Scarlet]    Dom 26 Mayo 2013 - 21:56

Off: Mejor tarde que nunca

Mientras nuestro guía nos mostraba el camino que debíamos seguir si queríamos alcanzar mi antiguo hogar, la casa de mis padres, se produjo una revelación. Durante el tiempo que estuvimos siguiéndolo pude escuchar una conversación que mantuvo él con Alanna, la cual explicaba que esos caminos por los que nos llevaba eran lugares secretos que solo conocía su familia, además de mencionar que si averiguaban que él nos había ayudado nos matarían a los tres, cosa que no cambiaba mucho mi destino pues a mí me condenarían a muerte de una forma o de otra, indiferentemente de si les contaba mis supuestos planes o no. Por último preguntó si éramos Buscadores a lo que la doncella del bosque asintió, entonces el muchacho reveló que su padre era buscador, así que básicamente podía estar ante uno de los hijos de uno de mis compañeros, eso hacía temerme lo peor puesto que si la locura de Rosbasha se extendía al grado de perseguir a los buscadores, los familiares de estos no estarían a salvo en estas tierras. Pero todo eso tendría que resolverlo en otro momento, ahora debía asegurarme de cumplir mis prioridades que eran salvar a mi familia y asegurar que escaparan de Rosbasha a salvo.

Aquel sendero nos llevó a los bajos fondos de la ciudad, donde nuestro guía decidió dejarnos pues tenía que regresar para asegurarse de que no nos localizaban, algo bastante heroico por su parte, ya había hecho por nosotros más de lo que se le pudiera pedir, pero ahora entraba en juego mi conocimiento sobre mi ciudad natal. Ahora me tocaba a mí ser el guía, por lo que decidí bajar de mi caballo y mirar a mi alrededor, mis ojos no se adaptaban a la oscuridad lo suficientemente bien como quisiera, al fin y al cabo mis ojos no eran tan buenos como los de un elfo o un vampiro, los míos eran humanos aunque eso se podía cambiar. Ya que mi memoria era vaga y solo reconocía este lugar por haberlo visto de día, cuando la noche caía daba igual si recordaba o no, no podría distinguir a menos que…

Y sin previo aviso me transformé en licántropo, haciendo de tripas corazón y tratando de auto controlarme para que no volviera a ocurrir lo de la celda, adopté mi forma lupina, aunque la transformación continuó y la gran bestia comenzó a menguar hasta adoptar la apariencia de un lobo normal y corriente.

—He tenido que cambiarme de ropas.-bromeé un poco mientras comenzaba a fijarme en los alrededores, ahora si era capaz de verlos con más claridad. —Bien, supongo que tendremos que llevarnos los caballos así que si no te importa lleva al mío también mientras yo me hago pasar por un perro, a nadie le extrañará ver a un perro callejero con alguien.

Entonces comencé a caminar, esperando que Alanna me siguiera y manteniendo una cierta distancia de ella, para evitar que nos relacionaran y aparentar mejor el ser un animal vagabundo aunque debía destacar que estaba demasiado bien cuidado como para aparentarlo, hasta mi pelaje tenía un cierto brillo de limpieza. Y así fue como lo fui conduciendo por callejones y calles estrechas, solo cuando debíamos cruzar plazas y calles principales era cuando yo le indicaba que esperaba, cruzaba y pasado un tipo le hacía una señal para que avanzara. De esta forma no parecía que la chica estaba siguiendo al perro sino que estaba yendo por su camino, no se sabía a ciencia cierta cuantos eran los ojos que podían estar acechándonos pero una cosa era cierta, y es que nos estaban observando.

Con el tiempo, alcanzamos nuestro destino, las grandes puertas al jardín que adornaba la entrada a mi casa, la cual estaba relativamente cerca de la Escuela Blanca, lugar al que se me había prohibido el acceso desde el incidente de los sectarios y que todavía los había dejado mosqueados, y su cercanía no nos ayudaba en nada, es más, nos ponía las cosas más difíciles puesto que desde el momento en el que se supo que el asesino del rey era un mago de mi calibre, en el momento en el que se enteraran de mi fuga echarían un manto mágico sobre toda Rosbasha capaz de detectar hasta el más mínimo atisbo de magia con mi esencia con tal de atraparme, al fin y al cabo yo no era un mago de tres al cuarto, era un maestro arcano de la luz.

—Te parecerá gracioso pero no suelo llevar las llaves de casa encima.-volví a bromear, parecía que era mi forma de lidiar con un ambiente tan tenso, por lo que volvía a comentar. —Como buen caballero te cedería el honor de saltar el muro primero, pero no es la primera vez que por el vestuario me han intentado dar más de un bofetón, así que iré primero.-y comencé a trepar por la pared, no era la primera vez que lo hacía, durante largo tiempo había estado saltando el muro de mi casa para escaparme y ver el mundo exterior y no estar atrapado entre la nobleza así que tenía práctica. Y una vez encima del muro le tendí la mano por si necesitaba ayuda para subir.

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